lunes, 4 de enero de 2021

JACOB GRIMM

 



Los cuentos que no eran para niños


  • marco regalado

Hubiese sido fascinante ver una pelea entre un gigante con cara de ogro y la muerte a un lado de una carretera. Quién de nosotros no se ha sorprendido alguna vez con aquellos cuentos de Los hermanos Grim, quizá a más de uno le causo alguna pesadilla y hasta humedecer la cama por el miedo que nos acechaba en las sombras después de que leyéramos o nos leyeran una de esas historias; cuántos no vimos y hasta sospechamos que en nuestras abuelas posiblemente se escondía un lobo, la crueldad que encierran los cuentos clásicos; pero ahora, ya de mayores hemos descubierto, que en realidad no eran tan puros e ingenuos como podía parecer cuando nos los leían de pequeños:

Hace ya mucho tiempo, peregrinaba un gigante por la carretera, cuando, de pronto, le salió al paso un hombre desconocido y le gritó:
-¡Alto, ni un paso más!
-¿Cómo? -dijo el gigante-. ¿Quién eres tú para hablarme con tanto descaro, so enano? Como te agarre, te voy a triturar entre los dedos.
-Soy la muerte -contestó el otro-. A mí no me contradice nadie y tú seguirás también mis órdenes.
El gigante se negó y empezó a luchar con la muerte. Fue una lucha tremenda, y finalmente el gigante ganó la partida: le dio a la muerte tal puñetazo, que se desplomó junto a una piedra. El gigante siguió su camino y la muerte permaneció allí vencida, y estaba tan maltrecha y derrengada, que no podía enderezarse de nuevo...
” *

En estas historias es normal encontrar situaciones en las que los padres abandonan a sus hijos a su suerte, como en “Hansel y Gretel”, ya que estos son pobres y no los pueden alimentar. En otros, los niños son devorados por ogros o animales salvajes, como en “Pulgarcito” “Caperucita roja”, por no hablar de otras atrocidades como las mutilaciones o asesinatos en serie sufridos por los personajes de “Las zapatillas Rojas” o “Barba Azul”. Pero, ¿Cómo es posible? ¿Era la sociedad de épocas pasadas insensible hacia estos temas? ¿Acaso necesitaban aquellos niños ser aleccionados con esas terribles historias para prepararlos para los duros avatares de la vida? Probablemente, aunque la respuesta podría ser aún más sencilla, según explica Jesús Callejo en su libro Los dueños de los Sueños. Simplemente aquellos relatos no iban dirigidos al público infantil.

Jacob Grimm fue un investigador y escritor alemán, que junto a su hermano Wilhelm, fueron líderes en el estudio de la filología y el folclore. Los dos hermanos nacieron en Hanau. Jacob nació el 4 de enero de 1785 y Wilhelm el 24 de febrero de 1786, y estudiaron en la universidad de Marburgo. El trabajo científico más importante de Jacob Grimm es la “Gramática alemana” (1819-1837), considerada como el origen de la filología germánica. La segunda edición (1822) contiene “la ley de Grimm de la mutación sonora”, que supone una ayuda para la reconstrucción de las lenguas muertas. Pero sigamos un poco con esa pelea entre el gigante y la muerte y veamos, toda maltrecha, qué es lo que dice la muerte:

“...¿Qué saldrá de todo esto si me quedo tumbada en la esquina? -dijo-. No moriría nadie en el mundo y se llenaría de tantos hombres, que no cabrían uno al lado del otro.
Mientras tanto, llegó un joven por el camino cantando una canción y mirando de un lado a otro. Cuando vio al hombre medio desmayado, se aproximó y, compasivamente, lo levantó, le dio de su botella una bebida reconfortante y esperó hasta que hubo recuperado sus fuerzas.
-¿Sabes quién soy yo y a quién has puesto en pie?- dijo el extranjero mientras se levantaba.
-No -dijo el joven-, no te conozco.
-Yo soy la muerte: no perdono a nadie y no puedo hacer contigo excepción. Pero, para que veas que soy agradecida, te prometo que no caeré sobre ti de improviso, sino que te mandaré a mis mensajeros antes de venir a buscarte.
-Bien -dijo el joven-, siempre es algo positivo saber cuándo llegas; mientras tanto estaré seguro de ti...”
 *

Debemos recordar que en el siglo XVII, el escritor francés Charles Perrault fue uno de los primeros en recoger y dar forma literaria a aquellos cuentos que pasaban oralmente de padres a hijos, eliminando los aspectos más escabrosos, pero no porque fuera dirigido a los niños, sino porque iba a ser leída por la refinada alta sociedad francesa. No fue hasta el siglo XIX cuando los cuentos empezaron a considerarse adecuados para la educación infantil. Los hermanos Grimm, en “Cuentos para la Infancia y el Hogar” (1812 y 1815) recopilaban las historias que edición tras edición, y gracias también a una rígida censura que las consideraba demasiado duras, iban suavizándose y volviéndose más apropiadas para los niños.

Jacob Grimm era filólogo de formación, y durante los años de universidad llegó a interesarse vivamente por la literatura medieval y la investigación científica del lenguaje. En tanto Wilhelm era más bien crítico literario y textual. Después de varios años en Kassel en cargos administrativos y en bibliotecas, los hermanos se trasladaron en 1830 a la Universidad de Gotinga, donde Wilhelm estuvo de bibliotecario y Jacob de profesor asistente. Por razones políticas los hermanos volvieron a Kassel en 1837 y en 1841, invitados por Federico Guillermo IV de Prusia, se establecieron en Berlín, donde permanecieron como profesores de la universidad hasta el final de sus vidas. Wilhelm murió el 16 de diciembre de 1859 y el 20 de septiembre de 1863 Jacob. Pero veamos que sucedió con el buen samaritano que ayudo a la muerte después de su pelea contra el gigante y al que prometió mandar mensajeros antes de que muriera:

El joven: “...Luego siguió su camino, alegre y de buen humor, y vivió al día. Pero la juventud y la alegría no duraron mucho tiempo: pronto llegaron las enfermedades y los dolores, que lo atormentaban durante el día y no lo dejaban en paz durante la noche.
“No moriré -se dijo a sí mismo-, pues la muerte mandará en primer lugar a sus mensajeros, pero me gustaría que pasaran los malos días de la enfermedad
.
En cuanto se sintió sano, empezó a vivir gozosamente. Un día, alguien lo tocó en el hombro y, al darse la vuelta, vio que la muerte estaba tras él, diciéndole...” *

Entre sus otras obras de Jacob Grimm, están: “Sobre los antiguos Meistergesang” (menestrales) alemanes (1811), “Mitología alemana” (1835) e “Historia de la lengua alemana” (1848). Algunas de las obras de Wilhelm Grimm, que incluyen ediciones y discusiones críticas sobre literatura y folclore medievales alemanes, son “Antiguas canciones de gesta danesas” (1811), “Leyendas heroicas alemanas” (1829), “La canción de Roldán” (1838) y “El antiguo idioma alemán” (1851).

Así pues, que los hermanos Grimm estaban interesados en los antiguos cuentos folclóricos alemanes, que recolectaron en muchas fuentes y publicaron como “Cuentos para la infancia y el hogar” (2 volúmenes, 1812-1815). La colección, aumentada en 1857, es conocida como Cuentos de hadas de los hermanos Grimm. Los hermanos colaboraron en muchos otros libros. En 1854 publicaron el primer volumen del monumental “Deutsches Wörterbuch”, el diccionario alemán de referencia, de 32 volúmenes concluido en 1954, ellos trabajaron en él desde 1852 a 1861. Veamos en que termina nuestra historia entre el joven y la muerte cuando esta llega y le dice:

“-Sígueme: te ha llegado la hora de despedirte del mundo.
-¿Cómo? -contestó el hombre-. ¿Quieres faltar a tu palabra? ¿No me habías prometido que antes de que vinieras enviarías a tus mensajeros? Yo no he visto a ninguno.
-Calla -dijo la muerte-. ¿No te he enviado un emisario tras otro? ¿No vino la fiebre, se apoderó de tí, te sacudió y te derrumbó? ¿No se apoderó de ti el mareo de tu cabeza? ¿No están tus miembros presos de la gota? ¿No sientes ruidos en los oídos? ¿No te roe el dolor de muelas en las mejillas? ¿No ves oscuridad ante tus ojos? Y, sobre todo, mi hermano en carne mortal, el sueño, ¿no te ha recordado a mí? ¿No has estado de noche como muerto?
El hombre no supo qué contestar, se entregó a su suerte y se fue con la muerte."
*

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  • *“Los mensajeros de la muerte”,
  • de “Cuentos para la infancia y el hogar” (fragmento).
  • Fuentes:
  • 1)Biografias y vidas
  • 2)El poder de la palabra
  • 3)Soyointeractive
  • Imagen: La Trobe Universit

 

LA RISA: DEMOSTRACIÓN DE INTELIGENCIA PURA

 



  • marco regalado

La influencia de Henri Bergson en el pensamiento humano es importante, sobre todo el de sus primeras obras, y la influencia no sólo es a los filósofos, también a artistas y escritores del siglo XX. Fue un maestro de la prosa y un brillante conferenciante, su estilo, místico aunque vital, contrastaba con el materialismo formalista de sus semejantes. A menudo asociado con la escuela intuitiva de filosofía, el bergsonianismo es demasiado original y ecléctico para ser así conceptuado. Bergson, sin embargo, sí subrayó la importancia de la intuición sobre el intelecto, al impulsar la idea de dos corrientes opuestas: la materia inerte en conflicto con la vida orgánica, de modo semejante a como el impulso vital se esfuerza por conseguir la acción libre creadora.

“La risa”, publicado en 1900, es un ensayo sobre la base mecanicista de la comedia, y tal vez sea su trabajo más citado:

“He aquí el primer punto sobre el cual he de llamar la atención. Fuera de lo que es propiamente humano, no hay nada cómico. Un paisaje podrá ser bello, sublime, insignificante o feo, pero nunca ridículo. Si reímos a la vista de un animal, será por haber sorprendido en él una actitud o una expresión humana. Nos reímos de un sombrero, no por el fieltro o la paja de que se compone motiven por sí mismos nuestra risa, sino por la forma que los hombres le dieron, por el capricho humano en que se moldeó. No me explico que un hecho tan importante, dentro de su sencillez, no haya fijado más la atención de los filósofos.” 1

Henri Bergson, elaboró una teoría de la evolución basada en la dimensión espiritual de la vida humana que tuvo una gran influencia en múltiples disciplinas. Nacido en París, el 18 de octubre de 1859, murió un 4 de enero de 1941 en París. Estudió en la École Normale Supérieure y la Universidad de París. Enseñó en varias escuelas desde 1881 hasta 1898, año en que aceptó trabajar como profesor en la École Normale Supérieure. Dos años después fue nombrado para la cátedra de filosofía occidental en el Collège de France.

Posteriormente a ser nombrado catedrático en el Collège de France, se publicó la disertación doctoral de Bergson “Tiempo y libre albedrío” (1889) que produjo mucho interés entre los filósofos. En ella plantea sus teorías de la libertad de la conciencia y del tiempo, al que consideró como una sucesión de instantes conscientes, entremezclados e ilimitados. A esta obra le siguió “Memoria y vida” (1896), libro en el que subraya la selectividad del cerebro humano:

"…Qué somos nosotros, qué es nuestro carácter sino la condensación de la historia que hemos vivido desde nuestro nacimiento, antes de nuestro nacimiento incluso, dado que llevamos con nosotros disposiciones prenatales? Sin duda no pensamos más que con una pequeña parte de nuestro pasado; pero es con nuestro pasado todo entero, incluida nuestra curvatura de alma original, como deseamos, queremos, actuamos... "2

Es posible que “La risa” sea el libro más citado, este ensayo sobre la base mecanicista de la comedia, que tal vez sea su trabajo más citado, pero también lo es “La evolución creadora” de 1907, donde explora el problema de la existencia humana y define la mente como energía pura, ‘el élan vital’ o ímpetu vital, responsable de toda la evolución orgánica. En 1914 fue elegido miembro de la Academia Francesa.

Hacia 1921 Bergson dejó el Collège de France para dedicarse a los asuntos internacionales, la política, los problemas morales y la religión; se había convertido al catolicismo (sus padres eran judíos). En las dos últimas décadas de su vida sólo publicó un libro “Las dos fuentes de la moral y la religión” (1932), donde relacionó su propia filosofía con el pensamiento cristiano. En 1927 recibió el Premio Nobel de Literatura. Pero regresemos a “La risa”, a esa parte del ser humano que nos hace ser distintos, o quizá esa parte que molesta tanto a las solemnidades, dice Bergson: “La risa, lo cómico, se dirige a la inteligencia pura…”

“Probad por un momento a interesaros por cuanto se dice y cuanto se hace; obrad mentalmente con los que practican la acción; sentid con los que sienten; dad, en fin, a vuestra simpatía su más amplia expansión, y como al conjuro de una varita mágica, veréis que las cosas más frívolas se convierten en graves y que todo se reviste de matices severos. Desimpresionaos ahora, asistid a la vida como espectador indiferente, y tendréis muchos dramas trocados en comedia. Basta que cerremos nuestros oídos a los acordes de la música en un salón de baile, para que al punto nos parezcan ridículos los danzarines. ¿Cuántos hechos humanos resistirían a esta prueba? ¿Cuántas cosas no veríamos pasar de lo grave a lo cómico si las aislásemos de la música del sentimiento que las acompaña? Lo cómico, para producir todo su efecto, exige como una anestesia momentánea del corazón. Se dirige a la inteligencia pura”. 3

(marco regalado / 4 de enero de 2013)

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  • 1) La risa. (Fragmento)
  • 2) Memoria y vida (fragmento)
  • 3) La risa. (Fragmento)
  • 4) Imagen: Dibujo de Henri Bergson, colección: El tiempo

 

domingo, 3 de enero de 2021

MARCO TULIO CICERÓN


 


Entre la literatura y la retórica


  • marco regalado

Escritor, político y orador romano. Hoy en día, la obra de Marco Tulio Cicerón casi pasa desapercibida o es visitada muy de paso, muy de referencia; pero se debería ir a conocerla un poco más, sobre todo, en las escuelas de Derecho, donde hasta me atrevería a afirmar, que ni los abogados lo hacen o lo conocen, si bien, sólo se menciona en la Historia del Derecho.

Aunque su carrera política fue notable, Cicerón es especialmente conocido como el orador más elocuente de Roma y como hombre de derecho y de letras, ya lo decíamos. Nació en Arpinum (actualmente Arpino, Italia) y en su juventud estudió derecho, oratoria, literatura y filosofía en Roma.

Cicerón creó un elaborado estilo prosístico que combina claridad y elocuencia, y que se ha convertido en uno de los modelos por medio de los que se juzga toda la demás prosa latina. Su obra contribuyó mucho al enriquecimiento del vocabulario de su propio lenguaje.

Los escritos de Cicerón tratan sobre muchos temas, por ejemplo, sus obras filosóficas revelan su creencia en Dios y en el libre albedrío; casi todos sus trabajos se basan en fuentes griegas y, por lo tanto, aparte de su valor intrínseco, tienen uno añadido como es el de haber divulgado y preservado la filosofía griega que, de no haber sido por él, tal vez, se hubiera perdido.

A partir del 45 a.C. y de la muerte de su hija Tulia, Cicerón se retiró de la política para dedicarse por completo a sus escritos literarios y filosóficos. Destacan sus tratados “De Legibus” (Sobre las leyes), “De Officiis” (Sobre el deber), y “De Natura Deorum” (Sobre la naturaleza de los dioses).

Su obra influyó mucho en el poeta italiano Petrarca y en otros escritores del renacimiento. Sus obras retóricas, escritas en forma de diálogo, en especial “De Oratore” (Sobre la retórica), tienen gran valor como modelos de una consumada retórica y como una rica fuente de material histórico. La más famosas de sus piezas de oratoria son las cuatro contra Catilia, conocidas por “Catiliniarias”, y las catorce contra Marco Antonio conocidas por “Filípicas”.

Entre las obras menores de Cicerón, los tratados “De Senectute” (Sobre la vejez) y “De Amicitia” (Sobre la amistad) siempre han sido admirados por su estilo cultivado. Muy importantes son cuatro colecciones de cartas escritas por Cicerón a sus conocidos y amigos. Estas cartas constituyen una revelación espontánea de su autor y una excelente fuente de información sobre la política y las costumbres de la antigua Roma, y se ocupan de temas que van desde la filosofía y la literatura, hasta las cuestiones familiares.

La familia de Cicerón no era rica ni aristocrática y a pesar de ello, realizó estudios como un patricio. Acerca de su trayectoria política, se dice que tras una breve carrera militar y tres años de experiencia como abogado que defendía a ciudadanos privados, viajó a Grecia y Asia, donde continuó sus estudios; regresó a Roma en el 77 a.C. y comenzó su carrera política; y en el 74 a.C. fue elegido miembro del Senado.

Aunque la familia de Cicerón no pertenecía a la aristocracia romana, los patricios más ricos y poderosos de Roma le apoyaron en su candidatura al consulado en el 64 a.C. por el gran desagrado que les producía el otro candidato, aristocrático, pero menos respetable, Lucio Sergio Catilina. Fue elegido Cicerón, y Catilina volvió a intentarlo al año siguiente con los mismos resultados.

Entonces, airado, organizó una conspiración para derribar el gobierno. Cicerón controló la situación, detuvo y ejecutó a varios de los partidarios de Catilina y a éste lo expulsó del Senado con una ardiente soflama conocida como Catilinarias.

Julio César y otros senadores romanos sostuvieron que Cicerón había obrado con excesiva dureza, sin proporcionar las debidas garantías legales a los conspiradores, como resultado de esto, en el 58 a.C., Cicerón se vio obligado a exiliarse. Tras un año en Macedonia fue perdonado por el general romano Pompeyo el Grande, Cicerón se dedicó a la literatura hasta el 51 a.C., cuando aceptó el encargo de gobernar la provincia romana de Cilicia como procónsul. Regresó a Roma en el 50 a.C. y se unió a Pompeyo, que se había convertido en el mayor enemigo de Julio César. Cuando César derrotó a Pompeyo, en el 48 a.C., Cicerón comprendió que continuar con la resistencia a César era inútil, y aceptó su amistad, aunque mientras César fue dictador de Roma, Cicerón vivió apartado de la vida política dedicándose a escribir.

Después del asesinato de César, en el 44 a.C., Cicerón retornó a la política. Esperando ver la restauración de la República, apoyó al hijo adoptivo de César, Octavio, y más tarde al emperador Augusto, en sus luchas contra el cónsul romano Marco Antonio. Sin embargo, Octavio y Marco Antonio se reconciliaron. Siempre fiel al sueño de querer ver la restauración de la República Romana, Cicerón fue ejecutado como enemigo del Estado, el 7 de diciembre del 43 a.C.

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  • Fuentes:
  • 1)Biografías y vidas
    2)EPDLP
    3)Imagen: "Busto de Cicerón"
    La túnica de Neso - WordPress.com780 × 350

 

sábado, 2 de enero de 2021

JOHN BERGER

“El sentido de la vista”


  • marco regalado

"…Los amantes incorporan el mundo entero a su totalidad. Todas las imágenes clásicas de la poesía amorosa lo confirman. El río, el bosque, el cielo, los minerales de la tierra, el gusano de seda, las estrellas, la rana, el búho, la luna, demuestran el amor del poeta. La poesía expresa la aspiración a esa correspondencia, pero es la pasión la que la crea. La pasión aspira a incluir el mundo entero en el acto de amar. El hecho de querer hacer el amor en el mar, volando por el cielo, en esta ciudad, en aquel campo, sobre la arena, entre las hojas caídas, con sal, con aceite, con frutas, en la nieve, etc., no significa que se precisen nuevos estímulos, sino que expresa una verdad que es inseparable de la pasión. La totalidad de los amantes se extiende, de manera diferente, a fin de incluir el mundo social. Todos los actos, cuando son voluntarios, se llevan a cabo en nombre de la persona amada. Lo que el amante cambia entonces en el mundo es una expresión de su pasión. (...) La totalidad de la pasión oprime (o socava) al mundo. Los amantes se aman con el mundo. (Al igual se podría decir que con todo su corazón o con sus caricias.) El mundo es la forma de su pasión, y todos los sucesos que experimentan o imaginan constituyen la iconografía de su pasión. Por eso la pasión está dispuesta a arriesgar la vida. Se diría que la vida es tan sólo la forma de la pasión…"

John Berger nació en Londres un 5 de noviembre de 1926 y falleció un 2 de enero de 2017 en Paris, Francia. Inició su vida profesional como pintor y profesor de dibujo. Las marcas de la guerra en el futuro incierto de su padre, el radicalismo político postergado de su madre y la dureza de la escolaridad británica lo hicieron anarquista a los quince años, desertor del preparatorio de Oxford a los dieciséis, y alumno rebelde más tarde en la Escuela Central de Bellas Artes. Después del fin de la guerra, su fe marxista, otra escuela de arte, esta vez en Chelsea con profesores artistas como Henry Moore, y el primer oficio, una columna semanal de crítica de arte en el ‘New Statesman’ y el ‘Tribune’, editado por George Orwell.

Su primera novela, “Un pintor de nuestro tiempo”, fue duramente criticada por su aparente simpatía con la dirigencia húngara prosoviética; y su ensayo “Modos de ver”, libro de referencia para toda una generación de historiadores de arte, fue un éxito inesperado. Recibió el Premio Booker por su novela “G”, donando sus beneficios en parte a las Panteras Negras. Más tarde se exilió definitivamente en el continente europeo, en una pequeña comunidad de campesinos en los Alpes y en sus últimos años dividiendo su vida entre un suburbio parisino durante el invierno y el pueblo alpino en verano.

Las novelas de Berger hablan de una dialéctica moderna implacable entre memoria y pérdida, progreso y nueva barbarie. Su trilogía “De sus fatigas”, compuesta de “Puerca tierra” (1979), “Una vez en Europa” (1983) y “Lila y Flag” (1990), es una extendida meditación sobre el camino del campesino que cambia una pobreza por otra en la ciudad. Su novela: “King” es el destino último de la diáspora rural y la contracara más atroz de la utopía urbana. Fue uno de los novelistas y ensayistas más originales y relevantes del mundo anglosajón.

Tres libros básicos de la obra de John Berger podrían ser: “Modos de ver”“El sentido de la vista” y “King”, por supuesto, esto es arbitrario ya que podríamos sumar su trilogía “De sus fatigas”, lo cierto es que Berger es un autor para no pasar por alto y leer sus obras lo más seguido que se pueda, no sólo por dibujantes, pintores e historiadores del arte, sino por todos.

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  • *“El sentido de la vista” (fragmento).
  • Imagen: Plumas libres

 

viernes, 1 de enero de 2021

MARIANO AZUELA

 



"LOS DE ABAJO", la novela inicial de La Revolución

Mariano Azuela, fue un narrador mexicano, nacido en Jalisco el 1 de enero de 1873 y murió en la ciudad de México en 1952. Empezó a escribir durante la dictadura de Porfirio Díaz: María Luisa (1907), su primera novela, la publicó cuando era estudiante; visionario, advierte en Andrés Pérez, maderista (1911) los cambios revolucionarios incipientes; se integra como médico a las fuerzas villistas durante la Revolución Mexicana y escribe Los de abajo (1915), la novela que lo haría famoso, publicada primero como folletín en Texas: "novela de ese primer momento de la Revolución Mexicana en que principia la lucha con una cólera ciega" según Castro Leal, inaugura un estilo nuevo acorde con la lucha armada en la que destacan los cuadros rápidos, violentos, realistas, con La malhora (1923), El desquite (1925), La Luciérnaga (1932).
Después, inicia un periodo de experimentación vanguardista. Novelista fecundo, al final de su vida publica varias novelas realistas: Regina Landa (1941), Nueva burguesía (1944), La marchanta (1944) y La mujer domada (1946), entre otras. Aquí les comparto unos fragmentos:

Los de abajo:

"... Pos cuál causa defendemos nosotros? ... respondió : Me preguntará por que sigo entonces en la revolución. La revolución es el huracán, y el hombre que se entrega a ella ya no es el hombre, es la miserable hoja seca arrebatada por el vendaval. "

Páginas autobiográficas:

" Bajando de la placita de San Antonio rumbo a la de San Felipe, después de pasar con algunos trabajos (no siempre a gatas) unos barrancos que las lluvias ahondan año por año, se cruzan las calles de El Arroyo, La Merced, El Rosario y se cae luego sobre un casucherío ruinoso, entre largas hileras de órganos y nopales, entreveradas de uno que otro huizache y hasta de algún frondoso mezquite. Tierra suelta, mucha tierra suelta en la tierra, en el cielo y en todo lugar. Lo que no obsta para que luzca su piel curtida y teñida de azul el obrajero que pone a secar todo lo largo del callejón en sendos hilos de ixtle bien restirados, sus madejas de hilaza recién pintadas de añil. Tomando precisamente ese callejón, como quien va al Refugio, se encuentran unas tapias de adobe prieto, prodigio y desafío a las más elementales leyes de la gravedad. Se buscarán una puerta y dos ventanas de mezquite respetadas por los siglos, con las huellas fresquecitas de la azuela y del hacha, como si acabaran de salir de manos del carpintero. Quizá el actual dueño de esta casa sea una de tantas lagartijas de las que suben y bajan, van y vienen por los terrones, entre musgos y yerbaje. Quizá en el quicio haya mucha paja remolida, rastrojos desmenuzados y redondos pajosos de burro. Al franquear el angosto cubo del zaguán pueden notarse tal vez los restos de una pintura de tierras, de aquellas pinturas de antaño que se incorporaban con la cal y aun con el adobe mismo y sólo con ellos caían. Vestigios de una guirnalda de flores, enmarcando a todo lo que dan los muros, una jaculatoria a la "Virgen concebida sin pecado original".
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  • "La novela de la Revolución mexicana", Antonio Castro Leal. Colección Aguilar, México. Ed. 1960.

OTTO-RAÚL GONZÁLEZ Dos poemas…

 



Otto-Raúl González. Poeta, narrador y ensayista. Radicó en México desde 1944. Su nacionalidad está considerada como guatemalteco-mexicano. Estudió Derecho en la UNAM. Fue cónsul y agregado cultural en México; presidente del Comité Departamental de La Paz en Guatemala; corresponsal del Centro Internacional de Estudios Poéticos de Bruselas, Bélgica; director fundador de Acento. Su obra poética ha sido traducida al inglés, francés, checo, ruso y chino. El Certamen de los Juegos Florales Centroamericanos, México y el Caribe de Quetzaltenango lleva su nombre (l993).

Colaborador de Acento, El Financiero y Excélsior. Premio Quetzal de Oro 1973 de la Asociación de Periodistas de Guatemala. Premio Nacional de Poesía La Paz (Baja California Sur) 1979 por El hombre de las lámparas celestes. Premio Nacional de Poesía Jaime Sabines 1989 por El conejo de las orejas en reposo. Premio Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias 1990 del Ministerio de Cultura de Guatemala. Orden del Quetzal de Guatemala.

Aquí los dos poemas:


ANADRIO

Quien primero vio una nube de color anadrio
era un joven pastor de diecisiete abriles
que más tarde fue monarca de su reino
y hombre feliz hasta decir ya no,
porque el anadrio es el color de la alegría
y de la buena suerte.

¡Y de la buena suerte!
¡Y de la buena suerte!
¡Y de la buena suerte!

En mil quinientos veinte
un español porquerizo de Castilla
vino a América y cuando se internó en la selva
vio un árbol de color anadrio
ese mismo soldado de fortuna
más tarde comió con Carlos V
y fue virrey;
porque el anadrio es el color de la alegría
y de la buena suerte.

¡Y de la buena suerte!
¡Y de la buena suerte!
¡Y de la buena suerte!

 

En la época moderna otras personas
han visto objetos de color anadrio
y su suerte ha cambiado en forma radical.

Un pescador vio una sirena cuya cola
era anadria y desde entonces
pescó y pescó y pescó y pescó y ahora
es dueño de una flota ballenera;
porque el anadrio es el color de la alegría
y de la buena suerte.

¡Y de la buena suerte!
¡Y de la buena suerte!
¡Y de la buena suerte!

 Vendía periódicos un niño,
rapaz sin desayuno, de pobreza trajeado,
un día en su camino vio una piedra
que era, por supuesto, de color anadrio.

Ese niño actualmente es accionista
de una inmensa cadena de periódicos;
porque el anadrio es el color de la alegría
y de la buena suerte.

Pinte usted
las paredes de su casa
de color anadrio
y le irá bien.

* (De Diez colores nuevos, Editorial Praxis, 1993)

 

 

OIGO EL RUMOR DE LOS CIPRESES EN LAS NOCHES DE LUNA…

Oigo el rumor de los cipreses en las noches de luna
y pienso en las mil y una lunas adorables
que todos hemos tenido alguna vez en nuestras vidas,
distingo las voces quedas de la melancolía
y los murmullos con que la nostalgia me frecuenta.

Voces palpables, voces inefables, voces adorables
de la añoranza por lo que se fue o no fue y sigue siendo;
los murmullos que en mi oído suspiran vivencias agotadas
vasos donde conservo risas y sonrisas, ternuras y ademanes.

Oigo los forcejeos del viento con las viejas cortezas
de los árboles donde grabé los nombres de mis novias
enlazados al mío en medio de ígneos corazones,
vano intento de ciclones que terminan por arrancar de cuajo
aquellos esbeltos y altivos troncos de mi adolescencia.

Oigo el rumor de las olas de ya lejanas playas
y en mi mente aparecen manos que junto con las mías
tratan de atrapar al crepúsculo para ungir con sus aceites
la piel de nuestros cuerpos jadeantes y lascivos.

Cipreses y murmullos, cortezas y crepúsculos
(no es por nada) pero a mí me hacen siempre los mandados.

  * (De Voces)

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Fuentes:

Isliapa

Rancho Las voces

sábado, 26 de diciembre de 2020

ENTRE LOS TRÓPICOS DE H. MILLER

 

marco regalado




Hablar de Henry Miller es hablar de escándalos ocurridos en otros tiempos, por supuesto, en cuanto a “moralidad” se refiere; sin embargo, su obra es mucho más fuerte, amplia, culta y lúcida que las inevitables referencias sexuales que surgen al invocar su nombre. Naturalmente, ni Miller ni nadie en su sano juicio pretenderían desarmar la carga que supuso para las buenas costumbres y la moral establecidas, contra las cuales atentaba la publicación en 1934 de “Trópico de Cáncer” y “Trópico de Capricornio” en 1939.

Hijo de Louise Nieting y Heinrich Miller, Henry Valentine Miller nació en el barrio de Yorkville, Nueva York. Estudió durante dos meses en el City College de su ciudad natal, nunca terminó su formación académica. En cambio, se volvió un fiel amante de la literatura, en especial del escritor ruso Fedor Dostoievski; fue expulsado de la universidad, por lo que se vio obligado a ejercer diferentes tipos de oficios antes de marcharse a París en 1930 huyendo de la Gran Depresión. En aquella ciudad, en la que residió durante diez años, llevó una vida bohemia, que describió en varias novelas eróticas de carácter autobiográfico, a los ya mencionados trópicos, habría que sumar:

Trascendentes, prosa anárquica, letras eróticas, con un gran peso autobiográfico (inaugural en este sentido a través del uso del ‘yo’ y sus contextos), narrativa que desencadenó grandes polémicas y censuras tras su publicación. Cuando leemos la obra de Miller, encontramos grandes referencias de la época, sobre todo, una biografía del autor; en cuanto al sexo, hay muy poco o casi nada: hay literatura. También se le atribuye como iniciador del género sucio —como el de Charles Boukowsky—, pero tampoco es cierto del todo; pero si es verdad que su estilo fue admirado e influyo en las generaciones posteriores.

Miller fue el predecesor de los escritores de la llamada “Generación Beat”, como Jack Kerouac, William Borroughs y Allen Ginsberg, así como a nuestro admirado Boukowski y, reconocido por ser una de las plumas más brillantes de la literatura estadounidense, Henry Miller falleció hace treinta y cinco años, un siete de junio, pero las obras de Miller, sin embargo, son mucho más que escándalo sexual, son literatura ante todo, pero a la vez sirvieron para que, a partir de él, el sexo se tratara en la literatura con más normalidad.

"La subo sobre mí y, mientras las cuerdas me resuenan en los oídos; la habitación está obscura y la alfombra pegajosa con el kümmel derramado por todas partes. De pronto, parece como si se acercara la autora: es como agua arremolinándose sobre el hielo y el hielo está azul con la bruma que se alza, glaciares hundidos en verde esmeralda, gamuza y antílope, meros dorados, morsas retozando y el ambarino lucio saltando sobre el círculo ártico… Elsa está sentada en mis rodillas. Sus ojos son como ombligos diminutos. Miro su enorme boca, tan húmeda y brillante, y la cubro con la mía...” (Trópico de Cáncer).

La crudeza o naturalidad con la que el escritor estadounidense se refiere al sexo, la apasionada defensa del individualismo más anárquico y extremo, la predilección que siente por los malditos, por los perdedores, por lo periférico, por aquellos que desde la mediocridad y el delirio son incapaces de asumir su derrota, y todo ello narrado sin una estructura o armazón preciso, desde un aparente caos, tan coherente por otra parte con el submundo descrito, es lo que hace de “Trópico de Cáncer” una saeta que da exactamente en el blanco para todos aquellos, a los que no nos gustan las frases encubiertas con ese falso velo de “moral” o de “buenas costumbres”. La novela, o 'documento' si rozamos la definición del propio Miller, se editó semiclandestinamente en francés, los gastos de la edición fueron pagados, nada más y nada menos que por Anaïs Nin, su querida amiga, su amante, su protectora, su guía en ese laberinto que se había transformado el Paris de entonces y, se convirtió casi de forma inmediata, en un éxito y en una escandalosa leyenda:

“No tengo dinero, ni recursos, ni esperanzas. Soy el hombre más feliz del mundo. Hace un año, hace seis meses, pensaba que era un artista. Ya no lo pienso, lo soy. Todo lo que era literatura se ha desprendido de mí. Ya no hay más libros que escribir, gracias a Dios. Entonces, ¿qué es esto? Esto no es un libro. Es un libelo, una calumnia. El mundo es un cáncer que se devora a sí mismo...” (Trópico de Cáncer).

Prohibida con similar intensidad que ensalzada, “Trópico de Cáncer”, no pudo ser publicada en Estados Unidos, país natal de su autor, hasta 1961, es decir, 27 años después de su aparición y cuando buena parte de las vanguardias artísticas de los años treinta ocupaban ya las nuevas academias, lo respetable y establecido. Cada uno de los personajes de la novela se vuelven necesarios para la comprensión total, tiempos difíciles y maravillosos, que, de cierta forma, nuestra actualidad no está lejos de ella:

“Boris me acaba de hacer un resumen de sus ideas. Es un profeta del tiempo y dice que éste seguirá empeorando. Habrá más calamidades, más muerte, más desesperación. No se observa la más ligera indicación de un cambio... Debemos llevar el paso, cerrados en fila hacia la prisión de la muerte. Imposible escapar. El tiempo no cambiará...” (Trópico de Cáncer).

Una de las grandes aportaciones de Henry Miller en Trópico de Cáncer y en la posterior Trópico de Capricornio es la sinceridad. En el primero de estos libros nos cuenta, en una primera persona seguramente algo ficcionada, sus experiencias en París, donde el escritor se formó como tal mientras vivía una vida precaria, de casa en casa, de bar en bar, de burdel en burdel. Trópico de Capricornio, aunque escrita cinco años después (1939) relata su vida en su país natal, previamente al viaje a París. Una vida más marcada por las obligaciones familiares, la frustración laboral, el matrimonio fracasado, pero que aun así dista mucho de cualquier atisbo de estabilidad. En ambos libros y a modo de autobiografía, el autor cuenta lo que hace y lo que piensa en cada momento sin ningún pudor, sin miedo a ser tachado de borracho, machista o misógino (que lo sería, en su momento), y su credibilidad es excelente.

Después vendría Trópico de Capricornio (1938), autobiografía también, pero que, si se quiere, se puede ver como ficción, en ella nos da cuenta las peripecias de Henry Miller desde su infancia hasta su vida adulta. No se utiliza una narración lineal en la historia, ni siquiera un orden cronológico establecido; por ejemplo, el autor pasa de narrar un episodio de su vida como empleado a describir sus años de infancia en una calle de Brooklyn y, luego, a perderse en una brusca mixtura de prosa y lenguaje lírico. Su técnica narrativa es bastante provocativa, así como poco ortodoxa para los más convencionales; no obstante, el sentido de lo que desea narrar es descifrable haciendo que el lector pueda sentirse partícipe de la historia, narrada, cómo no, en primera persona.

“¡Basta de espiar por el ojo de la cerradura! ¡Basta de masturbarse en la oscuridad! ¡Basta de confesiones públicas! ¡Qué salten las puertas de sus quicios! Quiero un mundo en el que la vagina esté representado por un rudo y honesto tajo, un mundo que sienta por los huesos y los contornos, los crudos colores primarios; un mundo que sienta miedo y respeto por sus orígenes animales. (Trópico de Capricornio).

Aun cuando la trama está fraccionada en episodios aislados, todos se conectan de una manera u otra gracias a la técnica narrativa de Miller, ubicándonos espacial y temporalmente en sitios opuestos, pero termina compaginándolos sin ningún problema; un ejemplo de esto se ve cuando narra una experiencia de su niñez —que podríamos entender como que la vida es una reverenda flatulencia—, ya que asiste al funeral de su mejor amigo, decide tirarse un sonoro pedo, y salta a su vida adulta, para contarnos los pormenores de su triste vida laboral.

Desterrado de su tiempo, Miller nos hace sentir mediante su narrativa que las miserias humanas están a la vuelta de la esquina, llegando a ser, a veces, sorprendentemente patéticas, de acuerdo con el cristal que lo queramos ver. La historia del libro comienza cuando el autor consigue, casi por casualidad, un empleo como funcionario en la Compañía Telegráfica Cosmodemónica. A regañadientes acepta el puesto en el que observa con consternación la estructura de una empresa que se está pudriendo desde adentro. Poco a poco logra ganarse la confianza de los altos mandos que lo ven como una especie de mal necesario para la compañía. Su trabajo se reduce a supervisar que no se contrate a toda la “escoria” de Nueva York: pordioseros, vagos, prostitutas, drogadictos, ladrones, ex-presidarios o gandules de poca monta, etc. Sin embargo, él mismo no puede ser tan duro, pues un sentido piadoso le invade el alma. Termina dándoles algo a todos estos individuos:

“Constantemente me instaban a no ser demasiado indulgente, ni demasiado sentimental, ni demasiado caritativo. “¡Tienes que ser firme! ¡Tienes que ser duro!”, me advertían. “¡A tomar por culo!”, me decía para mis adentros. “Seré generoso, flexible, clemente, tolerante, tierno.” Al principio escuchaba a todos hasta el final; si no podía darles empleo, les daba dinero, y, si no tenía dinero, les daba cigarrillos o les daba ánimos. Pero ¡Les daba algo!” (Trópico de Capricornio).

Caminar entre “Los Trópicos de Henry Miller”, es caminar de la mano de la honestidad, donde el autor no se limita al efectismo del escritor que utiliza una tarjeta de presentación donde se anuncia: Henry Miller “Escritor maldito”; o donde simplemente vayamos a encontrar narraciones de escenas de sexo bizarro, ladillas, mendicidad y exceso de alcohol que encandilan a adolescentes rebeldes; no, en Henry Miller encontramos literatura, es autor y personaje, desprovisto de ego, a ratos patético y odioso, a ratos indefenso, vulnerable. Pero siempre escritor, para mí, como quizá para muchos, su mayor aportación son los pensamientos y observaciones sobre el ser humano que trascienden de toda sociedad (suciedad), a todas horas. Monólogos interiores profundos, inspiradísimos, en los que se plantea el sentido de la vida (si es que lo tiene), de su vida, y que se acumulan edificando casi una filosofía. Una muy personal. La respuesta a la pregunta de si lo recomendaría, diría que ampliamente y comenzaría por “Trópico de Cáncer”. *

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  • Publicado originalmente en el 2015 en el suplemento “Letras” de Cambio de Michoacán…

 

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