Recopilación
de Marco Antonio Regalado
Escritor,
novelista y poeta chileno nació en Santiago, un 28 de abril en 1953.
Residenciado en México desde los quince años, suspendió pronto los estudios
académicos para dedicarse de lleno a la actividad intelectual. Fue un
infatigable lector y trabajó como articulista en varios medios periodísticos
mexicanos. Regresó a Chile donde militó en la izquierda, razón por la cual
debió exiliarse en El Salvador. Viajó luego por diferentes países europeos
fijando su residencia definitiva en España, donde contrajo matrimonio. Es autor
de los poemarios "Los perros
románticos" 2000 y "Tres"
2000, y de las novelas La pista de hielo 1993, Monsieur Pain 1999, La literatura nazi en América 1996, Estrella distante 1996, Los
detectives salvajes 1998, con la que
obtuvo el Premio Herralde 1999, el Premio Rómulo Gallegos 1999 y el Premio del
Consejo del Libro de Chile en el mismo año.
Con el libro de relatos Llamadas
telefónicas, fue galardonado con el Premio Municipal de Santiago de Chile
en 1998. Además, publicó otros libros de poesía en editoriales marginales.
Falleció en julio de 2003.
LOS
DETECTIVES
Soñé
con detectives perdidos en la ciudad oscura.
Oí
sus gemidos, sus náuseas, la delicadeza
de
sus fugas.
Soñé
con dos pintores que aún no tenían
40
años cuando Colón
descubrió
América.
(Uno
clásico, intemporal, el otro
moderno
siempre,
como
la mierda.)
Soñé
con una huella luminosa,
la
senda de las serpientes
recorrida
una y otra vez
por
detectives
absolutamente
desesperados.
Soñé
con un caso difícil,
vi
los pasillos llenos de policías,
vi
los cuestionarios que nadie resuelve,
los
archivos ignominiosos,
y
luego vi al detective
volver
al lugar del crimen
solo
y tranquilo
como
en las peores pesadillas,
lo
vi sentarse en el suelo y fumar
en
un dormitorio con sangre seca
mientras
las agujas del reloj
viajaban
encogidas por la noche
interminable.
LOS DETECTIVES PERDIDOS
Los
detectives perdidos en la ciudad oscura.
Oí
sus gemidos.
Oí
sus pasos en el Teatro de la Juventud.
Una
voz que avanza como una flecha.
Sombra
de cafés y parques
frecuentados
en la adolescencia.
Los
detectives que observan
sus
manos abiertas,
el
destino manchado con la propia sangre.
Y
tú no puedes ni siquiera recordar
en
dónde estuvo la herida,
los
rostros que una vez amaste,
la
mujer que te salvó la vida.
LOS DETECTIVES
HELADOS
Soñé
con detectives helados, detectives latinoamericanos
que
intentaban mantener los ojos abiertos
en
medio del sueño.
Soñé
con crímenes horribles
Y
con tipos cuidadosos
que
procuraban no pisar los charcos de sangre
y
al mismo tiempo abarcar con una sola mirada
el
escenario del crimen.
Soñé
con detectives perdidos
en
el espejo convexo de los Arnolfini:
nuestra
época, nuestras perspectivas,
nuestros
modelos del Espanto.

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