viernes, 1 de enero de 2021

MARIANO AZUELA

 



"LOS DE ABAJO", la novela inicial de La Revolución

Mariano Azuela, fue un narrador mexicano, nacido en Jalisco el 1 de enero de 1873 y murió en la ciudad de México en 1952. Empezó a escribir durante la dictadura de Porfirio Díaz: María Luisa (1907), su primera novela, la publicó cuando era estudiante; visionario, advierte en Andrés Pérez, maderista (1911) los cambios revolucionarios incipientes; se integra como médico a las fuerzas villistas durante la Revolución Mexicana y escribe Los de abajo (1915), la novela que lo haría famoso, publicada primero como folletín en Texas: "novela de ese primer momento de la Revolución Mexicana en que principia la lucha con una cólera ciega" según Castro Leal, inaugura un estilo nuevo acorde con la lucha armada en la que destacan los cuadros rápidos, violentos, realistas, con La malhora (1923), El desquite (1925), La Luciérnaga (1932).
Después, inicia un periodo de experimentación vanguardista. Novelista fecundo, al final de su vida publica varias novelas realistas: Regina Landa (1941), Nueva burguesía (1944), La marchanta (1944) y La mujer domada (1946), entre otras. Aquí les comparto unos fragmentos:

Los de abajo:

"... Pos cuál causa defendemos nosotros? ... respondió : Me preguntará por que sigo entonces en la revolución. La revolución es el huracán, y el hombre que se entrega a ella ya no es el hombre, es la miserable hoja seca arrebatada por el vendaval. "

Páginas autobiográficas:

" Bajando de la placita de San Antonio rumbo a la de San Felipe, después de pasar con algunos trabajos (no siempre a gatas) unos barrancos que las lluvias ahondan año por año, se cruzan las calles de El Arroyo, La Merced, El Rosario y se cae luego sobre un casucherío ruinoso, entre largas hileras de órganos y nopales, entreveradas de uno que otro huizache y hasta de algún frondoso mezquite. Tierra suelta, mucha tierra suelta en la tierra, en el cielo y en todo lugar. Lo que no obsta para que luzca su piel curtida y teñida de azul el obrajero que pone a secar todo lo largo del callejón en sendos hilos de ixtle bien restirados, sus madejas de hilaza recién pintadas de añil. Tomando precisamente ese callejón, como quien va al Refugio, se encuentran unas tapias de adobe prieto, prodigio y desafío a las más elementales leyes de la gravedad. Se buscarán una puerta y dos ventanas de mezquite respetadas por los siglos, con las huellas fresquecitas de la azuela y del hacha, como si acabaran de salir de manos del carpintero. Quizá el actual dueño de esta casa sea una de tantas lagartijas de las que suben y bajan, van y vienen por los terrones, entre musgos y yerbaje. Quizá en el quicio haya mucha paja remolida, rastrojos desmenuzados y redondos pajosos de burro. Al franquear el angosto cubo del zaguán pueden notarse tal vez los restos de una pintura de tierras, de aquellas pinturas de antaño que se incorporaban con la cal y aun con el adobe mismo y sólo con ellos caían. Vestigios de una guirnalda de flores, enmarcando a todo lo que dan los muros, una jaculatoria a la "Virgen concebida sin pecado original".
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  • "La novela de la Revolución mexicana", Antonio Castro Leal. Colección Aguilar, México. Ed. 1960.

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