viernes, 1 de enero de 2021

OTTO-RAÚL GONZÁLEZ Dos poemas…

 



Otto-Raúl González. Poeta, narrador y ensayista. Radicó en México desde 1944. Su nacionalidad está considerada como guatemalteco-mexicano. Estudió Derecho en la UNAM. Fue cónsul y agregado cultural en México; presidente del Comité Departamental de La Paz en Guatemala; corresponsal del Centro Internacional de Estudios Poéticos de Bruselas, Bélgica; director fundador de Acento. Su obra poética ha sido traducida al inglés, francés, checo, ruso y chino. El Certamen de los Juegos Florales Centroamericanos, México y el Caribe de Quetzaltenango lleva su nombre (l993).

Colaborador de Acento, El Financiero y Excélsior. Premio Quetzal de Oro 1973 de la Asociación de Periodistas de Guatemala. Premio Nacional de Poesía La Paz (Baja California Sur) 1979 por El hombre de las lámparas celestes. Premio Nacional de Poesía Jaime Sabines 1989 por El conejo de las orejas en reposo. Premio Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias 1990 del Ministerio de Cultura de Guatemala. Orden del Quetzal de Guatemala.

Aquí los dos poemas:


ANADRIO

Quien primero vio una nube de color anadrio
era un joven pastor de diecisiete abriles
que más tarde fue monarca de su reino
y hombre feliz hasta decir ya no,
porque el anadrio es el color de la alegría
y de la buena suerte.

¡Y de la buena suerte!
¡Y de la buena suerte!
¡Y de la buena suerte!

En mil quinientos veinte
un español porquerizo de Castilla
vino a América y cuando se internó en la selva
vio un árbol de color anadrio
ese mismo soldado de fortuna
más tarde comió con Carlos V
y fue virrey;
porque el anadrio es el color de la alegría
y de la buena suerte.

¡Y de la buena suerte!
¡Y de la buena suerte!
¡Y de la buena suerte!

 

En la época moderna otras personas
han visto objetos de color anadrio
y su suerte ha cambiado en forma radical.

Un pescador vio una sirena cuya cola
era anadria y desde entonces
pescó y pescó y pescó y pescó y ahora
es dueño de una flota ballenera;
porque el anadrio es el color de la alegría
y de la buena suerte.

¡Y de la buena suerte!
¡Y de la buena suerte!
¡Y de la buena suerte!

 Vendía periódicos un niño,
rapaz sin desayuno, de pobreza trajeado,
un día en su camino vio una piedra
que era, por supuesto, de color anadrio.

Ese niño actualmente es accionista
de una inmensa cadena de periódicos;
porque el anadrio es el color de la alegría
y de la buena suerte.

Pinte usted
las paredes de su casa
de color anadrio
y le irá bien.

* (De Diez colores nuevos, Editorial Praxis, 1993)

 

 

OIGO EL RUMOR DE LOS CIPRESES EN LAS NOCHES DE LUNA…

Oigo el rumor de los cipreses en las noches de luna
y pienso en las mil y una lunas adorables
que todos hemos tenido alguna vez en nuestras vidas,
distingo las voces quedas de la melancolía
y los murmullos con que la nostalgia me frecuenta.

Voces palpables, voces inefables, voces adorables
de la añoranza por lo que se fue o no fue y sigue siendo;
los murmullos que en mi oído suspiran vivencias agotadas
vasos donde conservo risas y sonrisas, ternuras y ademanes.

Oigo los forcejeos del viento con las viejas cortezas
de los árboles donde grabé los nombres de mis novias
enlazados al mío en medio de ígneos corazones,
vano intento de ciclones que terminan por arrancar de cuajo
aquellos esbeltos y altivos troncos de mi adolescencia.

Oigo el rumor de las olas de ya lejanas playas
y en mi mente aparecen manos que junto con las mías
tratan de atrapar al crepúsculo para ungir con sus aceites
la piel de nuestros cuerpos jadeantes y lascivos.

Cipreses y murmullos, cortezas y crepúsculos
(no es por nada) pero a mí me hacen siempre los mandados.

  * (De Voces)

___________________

Fuentes:

Isliapa

Rancho Las voces

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