lunes, 4 de enero de 2021

ALBERT CAMUS

 



A 61 AÑOS DE UNA MUERTE IDIOTA


  • marco regalado

Su obra, caracterizada por un estilo vigoroso y conciso, refleja la philosophie de l'absurde, la sensación de alienación y desencanto junto a la afirmación de las cualidades positivas de la dignidad y la fraternidad humana, me refiero al gran Albert Camus, por supuesto, el novelista, ensayista y dramaturgo francés, considerado uno de los escritores más importantes posteriores a 1945, y de quién tanto se escucha sobre su enemistad con Sartre, al aceptar Camus el premio nobel de literatura.

Camus nació en Mondovi, en el norte de África, actualmente Drean en Argelia, un 7 de noviembre de 1913, y murió estúpidamente en un accidente de coche en Villeblerin, Francia al regresar a su casa en Paris el 4 de enero de 1960, después de haber calificado que: no existe algo más idiota que morir en un accidente automovilístico…’

Estudió en la universidad de Argel. Sus estudios se interrumpieron pronto debido a una tuberculosis. Formó una compañía de teatro de aficionados que representaba obras a las clases trabajadoras; también trabajó como periodista y viajó mucho por Europa. En 1939, publicó “Bodas”, un conjunto de artículos que incluían reflexiones inspiradas por sus lecturas y viajes. En 1940, se trasladó a París y formó parte de la redacción del periódico Paris-Soir. Durante la II Guerra Mundial fue miembro activo de la Resistencia francesa y de 1945 a 1947, director de Combat, una publicación clandestina.

La historia de su narrativa comienza así: “Hoy ha muerto mamá. O quizá ayer. No lo sé. Recibí un telegrama del asilo: ‘Falleció su madre. Entierro mañana. Sentidas condolencias.’ Pero no quiere decir nada. Quizá haya sido ayer…” La historia transcurre en Argelia que sirve de telón de fondo a la primera novela que publicó Camus, “El extranjero” (1942), y a la mayoría de sus narraciones siguientes, sigue diciendo:

“Yo sentía una naturaleza tal que mis necesidades físicas desplazaban a menudo mis sentimientos. Cuanto más reflexionaba, Mario Azeabás cosas desconocidas y olvidadas sacaba de mi memoria. Comprendí entonces que un hombre que no hubiera vivido más que un solo día podría sin esfuerzo vivir cien años en una prisión. Tendría bastantes recuerdos para no aburrirse. (...) Comprendí que había destruido el equilibrio del día, el silencio excepcional de una playa donde había sido feliz. Entonces disparé cuatro veces sobre un cuerpo inerte en el que se hundían las balas sin que lo pareciese. Fueron cuatro golpes breves con los que llamaba a la puerta de la desgracia”. 1

Aunque en su novela “La Peste” (1947) Camus todavía se interesa por el absurdo fundamental de la existencia, reconoce el valor de los seres humanos ante los desastres, y es una de sus obras que a mí me gusta tanto:

“La ciudad, en sí misma, hay que confesarlo, es fea. Su aspecto es tranquilo y se necesita cierto tiempo para percibir lo que la hace diferente de las otras ciudades comerciales de cualquier latitud. ¿Cómo sugerir, por ejemplo, una ciudad sin palomas, sin árboles y sin jardines, donde no puede haber aleteos ni susurros de hojas, un lugar neutro, en una palabra? El cambio de estaciones sólo se puede notar en el cielo. La primavera se anuncia únicamente por la calidad del aire o por los cestos de flores que traen a vender los muchachos de los alrededores; una primavera que venden en los mercados. (...) Oyendo los gritos de alegría que subían de la ciudad, Rieux tenía presente que esta alegría está siempre amenazada. Pues él sabía que esta muchedumbre dichosa ignoraba lo que se puede leer en los libros, que el bacilo de la peste no muere ni desaparece jamás, que puede permanecer durante decenios dormido en los muebles, en la ropa, que espera pacientemente en las alcobas, en las bodegas, en las maletas, los pañuelos y los papeles, y que puede llegar un día en que la peste, para desgracia y enseñanza de los hombres, despierte a sus ratas y las mande a morir en una ciudad dichosa. (...) La felicidad llegaba a toda marcha, el acontecimiento iba más deprisa que el deseo. …sabía que todo iba a ser devuelto de golpe y que la alegría es una quemadura que no se saborea”. 2

De las obras de teatro que desarrollan temas existencialistas, “Calígula” (1945) es una de las más conocidas, pero es en “El extranjero” y el ensayo en el que se basa, “El mito de Sísifo” (1942), revelan la influencia del existencialismo en su pensamiento:

“No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio. Juzgar que la vida vale o no vale la pena de que se le viva es responder a la pregunta fundamental de la filosofía. Las demás, si el mundo tiene tres dimensiones, si el espíritu tiene nueve o doce categorías, vienen a continuación. Se trata de juegos; primeramente, hay que responder. Y si es cierto, como quiere Nietzsche, que un filósofo, para ser estimable, debe predicar con el ejemplo, se advierte la importancia de esta respuesta, puesto que va a preceder al gesto definitivo. Se trata de evidencias perceptibles para el corazón, pero que deben profundizarse a fin de hacerlas claras para el espíritu”. 3

Sus obras posteriores incluyen la novela “La caída” (1956), inspirada en un ensayo precedente; “El hombre rebelde” (1951); la obra de teatro Estado de sitio (1948); y un conjunto de relatos, El exilio y el reino (1957). Colecciones de sus trabajos periodísticos aparecieron con el título de “Actuelles” (3 vols., 1950, 1953 y 1958) y “El verano” (1954). “Una muerte feliz” (1971), aunque publicada póstumamente, de hecho, es su primera novela. En 1994, se publicó la novela incompleta en la que trabajaba cuando murió, El primer hombre. Sus Cuadernos, que cubren los años 1935 a 1951, también se publicaron póstumamente en dos volúmenes (1962 y 1964). Camus, que obtuvo en 1957 el Premio Nobel de Literatura. Termino este brevísimo recordatorio sobre la obra de Camus, con algo que escribiera acerca del oficio de escribir, e invitándolos a leer o releer su obra:

“Jamás he podido renunciar a la luz, a la felicidad de existir, a la vida libre en que he crecido. Pero, aunque esta nostalgia explique muchos de mis errores y de mis faltas, me ha ayudado sin duda a comprender mejor mi oficio, me sigue ayudando a mantenerme, ciegamente, junto a todos estos hombres silenciosos que no soportan la vida que se les hace en el mundo más que por el recuerdo o el refugio en el remanso de breves y libres felicidades”. 4

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  • (1) El extranjero (fragmento)
  • (2) La peste (fragmento)
  • (3) El mito de Sísifo (fragmento)
  • (4) La misión del escritor (fragmento)

 

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