lunes, 4 de mayo de 2020

ENTRE JANE AUER Y JANE BOWLES





Recopilación de Marco Antonio Regalado.

Perversa, bisexual, extravagante, inquieta, heterodoxa, bruja, perra, celosa y con una gran sensibilidad y capacidad para sorprender. Jane Bowles, fue una mujer diferente, con una vida aciaga y conmovedora. La escritora y dramaturga Jane Auer nació el 22 de febrero de 1917 en la ciudad de Nueva York en el seno de una familia judía. Pronto se trasladó a Suiza con su madre, quien tenía la esperanza de poner cura y remedio a la tuberculosis que su hija había adquirido en la rodilla derecha a tan corta edad.
Jane no regresó a su ciudad natal hasta la adolescencia, momento en el que tomó contacto con el círculo bohemio e intelectual de Greenwich Village. Fue en esta época cuando comenzó a dar rienda suelta a su orientación sexual y tuvo sus primeras experiencias homosexuales.
La caracterizaba una indumentaria muy masculina y físicamente no era considerada muy agraciada —opinión popular que pongo en tela de juicio, ya que proviene de unos cánones de belleza machistas y propios de la sociedad patriarcal de la época—. ¿Quién no ve la feminidad en esta mujer?
El carácter de Jane era gris. Padecía de una gran inseguridad en sí misma y nunca pudo disfrutar del gran talento que poseía. Esta inseguridad se vio agraviada al casarse con el escritor de éxito Paul Bowles, de quien adoptó el apellido con el que firmaría sus obras. Sin embargo, los expertos de hoy en día opinan que la obra de Jane es más importante que la de su marido.
Paul Bowles era un hombre homosexual, y el de ellos fue un matrimonio por conveniencia, una tapadera. Llevaron un romance platónico y acordaron que cada uno compartiría su intimidad con quien quisiera. (1)
"La diferencia entre un viajero y un turista es que el primero no compra billete de vuelta". Antes de vaciar, en 1947 y para casi siempre, sus maletas en un apartamento de Tánger en el que fue rodeándose de cajas de medicinas, ceniza de kif y cartas de correo aéreo, Paul Bowles siguió fielmente la frase que le atribuye la leyenda. A Marruecos llegó con su esposa Jane tras patear media Europa, toda América y una parte de Asia. Antes del viaje africano habían gastado unos meses en una pensión de Brooklyn Heights. Allí se los encontró Truman Capote, que recordaba que entre el resto de inquilinos estaban W. H. Auden, Benjamin Britten, Carson McCullers y "un domador de chimpancés".
Cuando el matrimonio llegó a Tánger la escritora era ella, una mujer que se definía a sí misma como "judía, lesbiana y coja" y había publicado cuatro años antes su única novela, Dos damas muy serias, recién rescatada por Anagrama en un volumen que se completa con el libro de relatos Placeres sencillos. Él, además de nómada, era compositor. Hasta 1949 no publicaría El cielo protector, la novela autobiográfica cuya adaptación cinematográfica a cargo de Bernardo Bertolucci cuatro décadas más tarde convertiría el apartamento tangerino de Bowles en lugar de peregrinación, si es que alguna vez dejó de serlo desde que Tánger fuera puerto de tránsito para los miembros de dos generaciones de relumbrón: la perdida y la beat.
El propio Paul Bowles consignó en sus diarios cómo el mismo año en que el cineasta italiano le habló de su proyecto pasaron por allí Patricia Highsmith, Liz Taylor y Mick Jagger. Y cómo un editor francés le propone hacer un libro en colaboración con un pintor mallorquín llamado Miquel Barceló.
La película tiró del resto de su obra —Déjala que caiga, La casa de la araña, La tierra caliente... — y, de paso, de la de Jane. Pero aquella muchacha radicalmente independiente a la que su amigo Capote retrató con cabeza de gardenia, porte de golfillo y la leve cojera que le dejó la caída de un caballo no vivió para ver todo aquello. Murió un 4 de mayo de 1973 en Málaga….” (2)
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·         Fuentes:
(1) KIKA FUMERO, on Jane Bowles, ‘cabeza de gardenia’
·          1 junio, 2012
(2) JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS, “El país”, 6 ABR 2010.

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