viernes, 24 de abril de 2020

VLADIMIR NABOKOV ("Un descubrimiento" y otros poemas...)




VLADIMIR NABOKOV

("Un descubrimiento" y otros poemas...)


Recopilación de Marco Antonio Regalado

Su nombre era Vladímir Vladímirovich Nabokov, y nació un 22 de abril en San Petersburgo en 1899, es conocido como un escritor estadounidense de origen ruso en lenguas inglesa y rusa. Abandonó Rusia a los diecinueve años a raíz de la revolución de Octubre, y se formó en el Trinity College y en Cambridge durante unos primeros años transcurridos en Gran Bretaña. Residió luego en Alemania y Francia, siempre relacionándose con las colonias de rusos blancos emigrados, entre los que obtuvo cierto prestigio como escritor bajo el seudónimo de Vladimir Sirín. A principios de 1940, el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial determinó su decisión de abandonar Europa y trasladarse en compañía de su esposa Vera a Estados Unidos, donde enseñó literatura en varias universidades.
Nabokov es autor de traducciones de poesías, estudios literarios y ensayos científicos, así como de una extensa obra narrativa. El caso de Nabokov es sorprendente y singular, ya que, al haber escrito y publicado en ruso (pero fuera de Rusia) la totalidad de su obra hasta entonces, a los cuarenta años era un desconocido absoluto para todos los públicos, con excepción de las colonias de compatriotas del exilio. Como el inglés era su segunda lengua desde la infancia y en ella había cursado sus estudios, no le costó escribir directamente en ella. La verdadera vida de “Sebastian Knight” (1941), asombrosa novela que marcó su debut en Occidente, y cuya buena acogida lo empujó a traducir personalmente el resto de su producción anterior, en la que sobresalían diversos títulos significativos y luego universalmente difundidos: “Mashenka” (1926), “Rey, dama, valet” (1928), “La defensa” (1929), “El ojo” (1930), “Risa en la oscuridad” (1932), “Gloria” (1933) y, sobre todo, “Invitado a una decapitación” (1935), cuya versión inglesa alertó a la crítica sobre la existencia de uno de los más grandes narradores contemporáneos.


Aquí algunos de los poemas de Nabokov:

NO CAMA DEL TODO, NO DEL TODO BANCO
Papel pintado: un amarillo torvo.
Un par de sillas. Un espejo bizqueante.
Entramos, mi sombra y yo.

Con vibrante sonido abrimos la ventana;
se desliza hasta el suelo el reflejo de la luz.
Es la noche sin aliento. Lejanos perros
con variados ladridos fracturan el silencio.

Inmóvil, me quedo junto a la ventana,
y en la negra vasija del firmamento
como gota dorada de miel refulge
la pulposa luna. -— Sebastopol, 1919


AL ATARDECER
Junto al mismo banco, al atardecer,
como en los días de mi juventud,

Sabéis bien cómo, al atardecer,
con un abejorro y una nube de vivos colores,

En el banco del asiento medio podrido,
en lo alto sobre el río encarnado,

Como entonces, en aquellos días lejanos,
sonríe y aparta el rostro,

Si a las almas de los muertos hace tiempo
les es a veces dado regresar. –
— Berlín, 1935


EN EL PARAÍSO
Más allá de la distante muerte, alma mía,
veo tu imagen así:
un naturalista provincial,
excéntrico perdido en el paraíso.

Ahí, en un claro, dormita un ángel salvaje,
criatura más o menos pavonada.
Tantéalo curiosamente
con tu paraguas verde,

especulando cómo, en primer lugar,
escribirás un ensayo sobre él,
después... ¡Pero no hay revistas eruditas,
y en el paraíso lectores no hay!

Y ahí estás tú, sin creerte aún
tu callada aflicción.
Sobre ese soñoliento animal azul
¿a quién le contarás, a quién?

¿Dónde está el mundo y las rosas clasificadas,
el museo y las aves disecadas?
Y tú miras y miras a través de tus lágrimas
esas alas innombrables. -— Berlín, 1927


ATARDECER SOBRE UN SOLAR VACÍO
En memoria de VDN.*

Inspiración, cielo rosado,
casa negra, con tan sólo una ventana,
llameante. ¡Oh, ese cielo
por la ventana llameante embebido!
Desperdicios de solitarias afueras,
pequeño tallo enmarañado y lacrimal,
calavera de felicidad, esbelta, larga,
como el cráneo de un borzoi.**
¿Qué me pasa? Perdido de mí mismo,
derritiéndome en el aire y el ocaso,
farfullando y desmayado casi
sobre la basura al atardecer.
Nunca tuve tantas ganas de llorar.
Aquí está, en lo más hondo de mí.
El deseo de expulsarlo intacto,
velado levemente de humedad, tan trémulo,
jamás había sido en mí tan poderoso.
Sal, mi precioso ser,
agárrate con fuerza a un tallo,
a la ventana, aún celestial,
o a la primera lámpara encendida.
Quizá el mundo está vacío y es brutal;
nada sé —excepto que
vale la pena nacer
por el ser de este tu aliento.

Fue una vez más simple y fácil:
dos rimas, y el cuaderno abría.
¡Qué nebulosamente te tuve que conocer
en mi juventud presuntuosa!
Apoyando los codos en la barandilla
del verso que se deslizaba como un puente,
me figuré en seguida que mi alma
se había empezado a mover, empezado a deslizar,
y que se dejaría llevar hasta las estrellas mismas.
Mas al transcribirlas a la copia en limpio,
privadas de magia al instante,
¡cuán inútilmente unas tras otras
se escondían lastradas las plomizas palabras!

¡Mi joven soledad
en la noche entre inmóviles ramas!
¡El asombro de la noche sobre el río,
que de lleno la refleja;
y florecer de lilas, el pálido amor
de mis números primeros inexpertos,
con esa luz fabulosa de la luna en lo alto!
Y las sendas del parque en medio luto,
y, agrandada por el recuerdo ahora,
mucho más sólida y hermosa hoy,
la vieja casa, y la llama inmortal
de la lámpara de keroseno en la ventana;
y en el sueño los aledaños de la dicha,
una brisa lejana, un aéreo mensajero
penetrando densos bosques con el ruido en aumento,
inclinando una rama al fin:
cuanto parecía haberse llevado el tiempo,
te detienes sin embargo, y de nuevo brilla al través,
pues su párpado no estaba sellado,
y uno ya no puede apartarlo de ti.

Parpadeando mira un ojo llameante,
a través de las negras chimeneas como dedos
de una fábrica, hacia las flores enmarañadas
y una lata abollada.
Por el solar vacío en el polvo oscurecedor
vislumbro un podenco esbelto de blanquísimo pelo.
Me imagino que perdido. Pero en la distancia suena
insistente y cariñoso un silbido.
Y en el crepúsculo viene hacia mí
un hombre, llama. Reconozco
tus enérgicas zancadas. No has cambiado
mucho desde que te vi morir. –
— Berlín, 1932


UN DESCUBRIMIENTO

La hallé en una tierra legendaria
toda rocas y espliego y dispersa hierba,
donde estaba posada sobre arena empapada
vecina al torrente de un desfiladero.

Los rasgos que combina la señalan como nueva
ante la ciencia: forma y tono —el tinte tan singular,
consanguíneo de la luz de la luna, que atempera su azul,
la parte inferior deslustrada, la franja taraceada.

Han aislado mis agujas su sexo esculpido;
los tejidos corroídos no pudieron ya ocultar
esa mota inapreciable que ahora riza la lágrima
convexa y límpida sobre un portaobjetos iluminado.

Se gira un tornillo lentamente; y saliendo de la bruma
dos ambarados garfios se inclinan simétricamente,
o escamas cual raquetas de amatista
atraviesan el círculo encantado del microscopio.

Yo la hallé y yo le di nombre, al ser versado
en el latín taxonómico; me convertí de ese modo
en padrino de un insecto y su primer
definidor: otra fama ya no quiero.

Desplegada en su alfiler (dormida profundamente),
a salvo de los parientes y la corrosión reptantes,
en la aislada fortaleza donde conservamos
los prototipos de especies ella transcenderá a su polvo.

Oscuros cuadros, tronos, las piedras que los peregrinos besan,
poemas que en morir tardan mil años,
tan sólo remedan la inmortalidad
de esta roja etiqueta sobre una tenue mariposa. –
— 1943


Traduciendo
Eugenio Onieguin

1

¿Qué es la traducción?
Sobre una bandeja
la airada y pálida cabeza de un poeta,
el parloteo de un loro, el chillido de un mono,
de los muertos la profanación.
Los parásitos con quienes fuiste tan severo
quedarán perdonados si yo obtengo tu perdón,
oh, Pushkin, para mi estratagema:
yo descendí por tu tallo secreto,
y alcancé la raíz, y me alimenté de ella;
después, en una lengua recién aprendida,
otro tallo dejé crecer y he convertido
tu estrofa en soneto configurada
en mi honrada y caminera prosa:
toda espina, pero prima de tu rosa.


2

Las palabras reflejadas sólo pueden tiritar
como alargadas luces que se contorsionan
en el espejo negro de un río
entre la ciudad y la bruma.
¡Esquivo Pushkin! Perseverante,
yo recojo todavía el pendiente de Tatiana,
con tu hastiado libertino continúo aún viajando.
Los errores de otro encuentro,
analizo aliteraciones
que engalanan tus fiestas y hechizan
la gran estrofa cuarta de tu Octavo Canto.
Mi tarea es esta: entremezcladas,
la paciencia de un poeta y la pasión de un escoliasta:
excrementos de paloma por encima de tu estatua. –
— 1955


QUÉ OCURRIÓ POR LA NOCHE
¿Qué ocurrió por la noche a la memoria?
Debe de haber nevado: ¡tal quietud!
De nada sirvió a mi alma el estudio del Olvido:
en el sueño se ha resuelto este problema.
Sencilla, elegante solución.
(¿De qué me he estado preocupando yo
durante tantos años?) No ve uno una gran necesidad
de levantarse;: no hay cama, y cuerpo tampoco lo hay.


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*Con ese seudónimo firmó precisamente su primera novela, La Defensa Luzhin, como es sabido de temática ajedrecística.


**Borzoi es una raza de perro desarrollada en Rusia. El Borzoi desciende del galgo árabe, siendo parecido a un perro ovejero ruso. Anteriormente conocido como galgo ruso, fue originalmente criado para cazar lobos y liebres.

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