VLADIMIR NABOKOV
("Un descubrimiento" y otros poemas...)
Recopilación
de Marco Antonio Regalado
Su
nombre era Vladímir Vladímirovich
Nabokov, y nació un 22 de abril en San Petersburgo en 1899, es conocido
como un escritor estadounidense de origen ruso en lenguas inglesa y rusa.
Abandonó Rusia a los diecinueve años a raíz de la revolución de Octubre, y se
formó en el Trinity College y en Cambridge durante unos primeros años
transcurridos en Gran Bretaña. Residió luego en Alemania y Francia, siempre
relacionándose con las colonias de rusos blancos emigrados, entre los que
obtuvo cierto prestigio como escritor bajo el seudónimo de Vladimir Sirín. A principios de 1940, el desarrollo de la Segunda
Guerra Mundial determinó su decisión de abandonar Europa y trasladarse en
compañía de su esposa Vera a Estados Unidos, donde enseñó literatura en varias
universidades.
Nabokov
es autor de traducciones de poesías, estudios literarios y ensayos científicos,
así como de una extensa obra narrativa. El caso de Nabokov es sorprendente y
singular, ya que, al haber escrito y publicado en ruso (pero fuera de Rusia) la
totalidad de su obra hasta entonces, a los cuarenta años era un desconocido
absoluto para todos los públicos, con excepción de las colonias de compatriotas
del exilio. Como el inglés era su segunda lengua desde la infancia y en ella
había cursado sus estudios, no le costó escribir directamente en ella. La verdadera vida de “Sebastian Knight”
(1941), asombrosa novela que marcó su debut en Occidente, y cuya buena acogida
lo empujó a traducir personalmente el resto de su producción anterior, en la
que sobresalían diversos títulos significativos y luego universalmente
difundidos: “Mashenka” (1926), “Rey, dama, valet” (1928), “La defensa” (1929), “El ojo” (1930), “Risa en la oscuridad” (1932), “Gloria”
(1933) y, sobre todo, “Invitado a una
decapitación” (1935), cuya versión inglesa alertó a la crítica sobre la
existencia de uno de los más grandes narradores contemporáneos.
Aquí
algunos de los poemas de Nabokov:
NO
CAMA DEL TODO, NO DEL TODO BANCO
Papel
pintado: un amarillo torvo.
Un
par de sillas. Un espejo bizqueante.
Entramos,
mi sombra y yo.
Con
vibrante sonido abrimos la ventana;
se
desliza hasta el suelo el reflejo de la luz.
Es
la noche sin aliento. Lejanos perros
con
variados ladridos fracturan el silencio.
Inmóvil,
me quedo junto a la ventana,
y
en la negra vasija del firmamento
como
gota dorada de miel refulge
la
pulposa luna. -— Sebastopol, 1919
AL
ATARDECER
Junto
al mismo banco, al atardecer,
como
en los días de mi juventud,
Sabéis
bien cómo, al atardecer,
con
un abejorro y una nube de vivos colores,
En
el banco del asiento medio podrido,
en
lo alto sobre el río encarnado,
Como
entonces, en aquellos días lejanos,
sonríe
y aparta el rostro,
Si
a las almas de los muertos hace tiempo
les
es a veces dado regresar. –
—
Berlín, 1935
EN
EL PARAÍSO
Más
allá de la distante muerte, alma mía,
veo
tu imagen así:
un
naturalista provincial,
excéntrico
perdido en el paraíso.
Ahí,
en un claro, dormita un ángel salvaje,
criatura
más o menos pavonada.
Tantéalo
curiosamente
con
tu paraguas verde,
especulando
cómo, en primer lugar,
escribirás
un ensayo sobre él,
después...
¡Pero no hay revistas eruditas,
y
en el paraíso lectores no hay!
Y
ahí estás tú, sin creerte aún
tu
callada aflicción.
Sobre
ese soñoliento animal azul
¿a
quién le contarás, a quién?
¿Dónde
está el mundo y las rosas clasificadas,
el
museo y las aves disecadas?
Y
tú miras y miras a través de tus lágrimas
esas
alas innombrables. -— Berlín, 1927
ATARDECER
SOBRE UN SOLAR VACÍO
En
memoria de VDN.*
Inspiración,
cielo rosado,
casa
negra, con tan sólo una ventana,
llameante.
¡Oh, ese cielo
por
la ventana llameante embebido!
Desperdicios
de solitarias afueras,
pequeño
tallo enmarañado y lacrimal,
calavera
de felicidad, esbelta, larga,
como
el cráneo de un borzoi.**
¿Qué
me pasa? Perdido de mí mismo,
derritiéndome
en el aire y el ocaso,
farfullando
y desmayado casi
sobre
la basura al atardecer.
Nunca
tuve tantas ganas de llorar.
Aquí
está, en lo más hondo de mí.
El
deseo de expulsarlo intacto,
velado
levemente de humedad, tan trémulo,
jamás
había sido en mí tan poderoso.
Sal,
mi precioso ser,
agárrate
con fuerza a un tallo,
a
la ventana, aún celestial,
o
a la primera lámpara encendida.
Quizá
el mundo está vacío y es brutal;
nada
sé —excepto que
vale
la pena nacer
por
el ser de este tu aliento.
Fue
una vez más simple y fácil:
dos
rimas, y el cuaderno abría.
¡Qué
nebulosamente te tuve que conocer
en
mi juventud presuntuosa!
Apoyando
los codos en la barandilla
del
verso que se deslizaba como un puente,
me
figuré en seguida que mi alma
se
había empezado a mover, empezado a deslizar,
y
que se dejaría llevar hasta las estrellas mismas.
Mas
al transcribirlas a la copia en limpio,
privadas
de magia al instante,
¡cuán
inútilmente unas tras otras
se
escondían lastradas las plomizas palabras!
¡Mi
joven soledad
en
la noche entre inmóviles ramas!
¡El
asombro de la noche sobre el río,
que
de lleno la refleja;
y
florecer de lilas, el pálido amor
de
mis números primeros inexpertos,
con
esa luz fabulosa de la luna en lo alto!
Y
las sendas del parque en medio luto,
y,
agrandada por el recuerdo ahora,
mucho
más sólida y hermosa hoy,
la
vieja casa, y la llama inmortal
de
la lámpara de keroseno en la ventana;
y
en el sueño los aledaños de la dicha,
una
brisa lejana, un aéreo mensajero
penetrando
densos bosques con el ruido en aumento,
inclinando
una rama al fin:
cuanto
parecía haberse llevado el tiempo,
te
detienes sin embargo, y de nuevo brilla al través,
pues
su párpado no estaba sellado,
y
uno ya no puede apartarlo de ti.
Parpadeando
mira un ojo llameante,
a
través de las negras chimeneas como dedos
de
una fábrica, hacia las flores enmarañadas
y
una lata abollada.
Por
el solar vacío en el polvo oscurecedor
vislumbro
un podenco esbelto de blanquísimo pelo.
Me
imagino que perdido. Pero en la distancia suena
insistente
y cariñoso un silbido.
Y
en el crepúsculo viene hacia mí
un
hombre, llama. Reconozco
tus
enérgicas zancadas. No has cambiado
mucho
desde que te vi morir. –
—
Berlín, 1932
UN
DESCUBRIMIENTO
La
hallé en una tierra legendaria
toda
rocas y espliego y dispersa hierba,
donde
estaba posada sobre arena empapada
vecina
al torrente de un desfiladero.
Los
rasgos que combina la señalan como nueva
ante
la ciencia: forma y tono —el tinte tan singular,
consanguíneo
de la luz de la luna, que atempera su azul,
la
parte inferior deslustrada, la franja taraceada.
Han
aislado mis agujas su sexo esculpido;
los
tejidos corroídos no pudieron ya ocultar
esa
mota inapreciable que ahora riza la lágrima
convexa
y límpida sobre un portaobjetos iluminado.
Se
gira un tornillo lentamente; y saliendo de la bruma
dos
ambarados garfios se inclinan simétricamente,
o
escamas cual raquetas de amatista
atraviesan
el círculo encantado del microscopio.
Yo
la hallé y yo le di nombre, al ser versado
en
el latín taxonómico; me convertí de ese modo
en
padrino de un insecto y su primer
definidor:
otra fama ya no quiero.
Desplegada
en su alfiler (dormida profundamente),
a
salvo de los parientes y la corrosión reptantes,
en
la aislada fortaleza donde conservamos
los
prototipos de especies ella transcenderá a su polvo.
Oscuros
cuadros, tronos, las piedras que los peregrinos besan,
poemas
que en morir tardan mil años,
tan
sólo remedan la inmortalidad
de
esta roja etiqueta sobre una tenue mariposa. –
—
1943
Traduciendo
Eugenio
Onieguin
1
¿Qué
es la traducción?
Sobre
una bandeja
la
airada y pálida cabeza de un poeta,
el
parloteo de un loro, el chillido de un mono,
de
los muertos la profanación.
Los
parásitos con quienes fuiste tan severo
quedarán
perdonados si yo obtengo tu perdón,
oh,
Pushkin, para mi estratagema:
yo
descendí por tu tallo secreto,
y
alcancé la raíz, y me alimenté de ella;
después,
en una lengua recién aprendida,
otro
tallo dejé crecer y he convertido
tu
estrofa en soneto configurada
en
mi honrada y caminera prosa:
toda
espina, pero prima de tu rosa.
2
Las
palabras reflejadas sólo pueden tiritar
como
alargadas luces que se contorsionan
en
el espejo negro de un río
entre
la ciudad y la bruma.
¡Esquivo
Pushkin! Perseverante,
yo
recojo todavía el pendiente de Tatiana,
con
tu hastiado libertino continúo aún viajando.
Los
errores de otro encuentro,
analizo
aliteraciones
que
engalanan tus fiestas y hechizan
la
gran estrofa cuarta de tu Octavo Canto.
Mi
tarea es esta: entremezcladas,
la
paciencia de un poeta y la pasión de un escoliasta:
excrementos
de paloma por encima de tu estatua. –
—
1955
QUÉ
OCURRIÓ POR LA NOCHE
¿Qué
ocurrió por la noche a la memoria?
Debe
de haber nevado: ¡tal quietud!
De
nada sirvió a mi alma el estudio del Olvido:
en
el sueño se ha resuelto este problema.
Sencilla,
elegante solución.
(¿De
qué me he estado preocupando yo
durante
tantos años?) No ve uno una gran necesidad
de
levantarse;: no hay cama, y cuerpo tampoco lo hay.
------------------------------------------------------------------------
*Con
ese seudónimo firmó precisamente su primera novela, La
Defensa Luzhin, como es sabido de temática ajedrecística.
**Borzoi
es una raza de perro desarrollada en Rusia. El Borzoi desciende del galgo
árabe, siendo parecido a un perro ovejero ruso. Anteriormente conocido como
galgo ruso, fue originalmente criado para cazar lobos y liebres.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario