sábado, 26 de diciembre de 2020

ENTRE LOS TRÓPICOS DE H. MILLER

 

marco regalado




Hablar de Henry Miller es hablar de escándalos ocurridos en otros tiempos, por supuesto, en cuanto a “moralidad” se refiere; sin embargo, su obra es mucho más fuerte, amplia, culta y lúcida que las inevitables referencias sexuales que surgen al invocar su nombre. Naturalmente, ni Miller ni nadie en su sano juicio pretenderían desarmar la carga que supuso para las buenas costumbres y la moral establecidas, contra las cuales atentaba la publicación en 1934 de “Trópico de Cáncer” y “Trópico de Capricornio” en 1939.

Hijo de Louise Nieting y Heinrich Miller, Henry Valentine Miller nació en el barrio de Yorkville, Nueva York. Estudió durante dos meses en el City College de su ciudad natal, nunca terminó su formación académica. En cambio, se volvió un fiel amante de la literatura, en especial del escritor ruso Fedor Dostoievski; fue expulsado de la universidad, por lo que se vio obligado a ejercer diferentes tipos de oficios antes de marcharse a París en 1930 huyendo de la Gran Depresión. En aquella ciudad, en la que residió durante diez años, llevó una vida bohemia, que describió en varias novelas eróticas de carácter autobiográfico, a los ya mencionados trópicos, habría que sumar:

Trascendentes, prosa anárquica, letras eróticas, con un gran peso autobiográfico (inaugural en este sentido a través del uso del ‘yo’ y sus contextos), narrativa que desencadenó grandes polémicas y censuras tras su publicación. Cuando leemos la obra de Miller, encontramos grandes referencias de la época, sobre todo, una biografía del autor; en cuanto al sexo, hay muy poco o casi nada: hay literatura. También se le atribuye como iniciador del género sucio —como el de Charles Boukowsky—, pero tampoco es cierto del todo; pero si es verdad que su estilo fue admirado e influyo en las generaciones posteriores.

Miller fue el predecesor de los escritores de la llamada “Generación Beat”, como Jack Kerouac, William Borroughs y Allen Ginsberg, así como a nuestro admirado Boukowski y, reconocido por ser una de las plumas más brillantes de la literatura estadounidense, Henry Miller falleció hace treinta y cinco años, un siete de junio, pero las obras de Miller, sin embargo, son mucho más que escándalo sexual, son literatura ante todo, pero a la vez sirvieron para que, a partir de él, el sexo se tratara en la literatura con más normalidad.

"La subo sobre mí y, mientras las cuerdas me resuenan en los oídos; la habitación está obscura y la alfombra pegajosa con el kümmel derramado por todas partes. De pronto, parece como si se acercara la autora: es como agua arremolinándose sobre el hielo y el hielo está azul con la bruma que se alza, glaciares hundidos en verde esmeralda, gamuza y antílope, meros dorados, morsas retozando y el ambarino lucio saltando sobre el círculo ártico… Elsa está sentada en mis rodillas. Sus ojos son como ombligos diminutos. Miro su enorme boca, tan húmeda y brillante, y la cubro con la mía...” (Trópico de Cáncer).

La crudeza o naturalidad con la que el escritor estadounidense se refiere al sexo, la apasionada defensa del individualismo más anárquico y extremo, la predilección que siente por los malditos, por los perdedores, por lo periférico, por aquellos que desde la mediocridad y el delirio son incapaces de asumir su derrota, y todo ello narrado sin una estructura o armazón preciso, desde un aparente caos, tan coherente por otra parte con el submundo descrito, es lo que hace de “Trópico de Cáncer” una saeta que da exactamente en el blanco para todos aquellos, a los que no nos gustan las frases encubiertas con ese falso velo de “moral” o de “buenas costumbres”. La novela, o 'documento' si rozamos la definición del propio Miller, se editó semiclandestinamente en francés, los gastos de la edición fueron pagados, nada más y nada menos que por Anaïs Nin, su querida amiga, su amante, su protectora, su guía en ese laberinto que se había transformado el Paris de entonces y, se convirtió casi de forma inmediata, en un éxito y en una escandalosa leyenda:

“No tengo dinero, ni recursos, ni esperanzas. Soy el hombre más feliz del mundo. Hace un año, hace seis meses, pensaba que era un artista. Ya no lo pienso, lo soy. Todo lo que era literatura se ha desprendido de mí. Ya no hay más libros que escribir, gracias a Dios. Entonces, ¿qué es esto? Esto no es un libro. Es un libelo, una calumnia. El mundo es un cáncer que se devora a sí mismo...” (Trópico de Cáncer).

Prohibida con similar intensidad que ensalzada, “Trópico de Cáncer”, no pudo ser publicada en Estados Unidos, país natal de su autor, hasta 1961, es decir, 27 años después de su aparición y cuando buena parte de las vanguardias artísticas de los años treinta ocupaban ya las nuevas academias, lo respetable y establecido. Cada uno de los personajes de la novela se vuelven necesarios para la comprensión total, tiempos difíciles y maravillosos, que, de cierta forma, nuestra actualidad no está lejos de ella:

“Boris me acaba de hacer un resumen de sus ideas. Es un profeta del tiempo y dice que éste seguirá empeorando. Habrá más calamidades, más muerte, más desesperación. No se observa la más ligera indicación de un cambio... Debemos llevar el paso, cerrados en fila hacia la prisión de la muerte. Imposible escapar. El tiempo no cambiará...” (Trópico de Cáncer).

Una de las grandes aportaciones de Henry Miller en Trópico de Cáncer y en la posterior Trópico de Capricornio es la sinceridad. En el primero de estos libros nos cuenta, en una primera persona seguramente algo ficcionada, sus experiencias en París, donde el escritor se formó como tal mientras vivía una vida precaria, de casa en casa, de bar en bar, de burdel en burdel. Trópico de Capricornio, aunque escrita cinco años después (1939) relata su vida en su país natal, previamente al viaje a París. Una vida más marcada por las obligaciones familiares, la frustración laboral, el matrimonio fracasado, pero que aun así dista mucho de cualquier atisbo de estabilidad. En ambos libros y a modo de autobiografía, el autor cuenta lo que hace y lo que piensa en cada momento sin ningún pudor, sin miedo a ser tachado de borracho, machista o misógino (que lo sería, en su momento), y su credibilidad es excelente.

Después vendría Trópico de Capricornio (1938), autobiografía también, pero que, si se quiere, se puede ver como ficción, en ella nos da cuenta las peripecias de Henry Miller desde su infancia hasta su vida adulta. No se utiliza una narración lineal en la historia, ni siquiera un orden cronológico establecido; por ejemplo, el autor pasa de narrar un episodio de su vida como empleado a describir sus años de infancia en una calle de Brooklyn y, luego, a perderse en una brusca mixtura de prosa y lenguaje lírico. Su técnica narrativa es bastante provocativa, así como poco ortodoxa para los más convencionales; no obstante, el sentido de lo que desea narrar es descifrable haciendo que el lector pueda sentirse partícipe de la historia, narrada, cómo no, en primera persona.

“¡Basta de espiar por el ojo de la cerradura! ¡Basta de masturbarse en la oscuridad! ¡Basta de confesiones públicas! ¡Qué salten las puertas de sus quicios! Quiero un mundo en el que la vagina esté representado por un rudo y honesto tajo, un mundo que sienta por los huesos y los contornos, los crudos colores primarios; un mundo que sienta miedo y respeto por sus orígenes animales. (Trópico de Capricornio).

Aun cuando la trama está fraccionada en episodios aislados, todos se conectan de una manera u otra gracias a la técnica narrativa de Miller, ubicándonos espacial y temporalmente en sitios opuestos, pero termina compaginándolos sin ningún problema; un ejemplo de esto se ve cuando narra una experiencia de su niñez —que podríamos entender como que la vida es una reverenda flatulencia—, ya que asiste al funeral de su mejor amigo, decide tirarse un sonoro pedo, y salta a su vida adulta, para contarnos los pormenores de su triste vida laboral.

Desterrado de su tiempo, Miller nos hace sentir mediante su narrativa que las miserias humanas están a la vuelta de la esquina, llegando a ser, a veces, sorprendentemente patéticas, de acuerdo con el cristal que lo queramos ver. La historia del libro comienza cuando el autor consigue, casi por casualidad, un empleo como funcionario en la Compañía Telegráfica Cosmodemónica. A regañadientes acepta el puesto en el que observa con consternación la estructura de una empresa que se está pudriendo desde adentro. Poco a poco logra ganarse la confianza de los altos mandos que lo ven como una especie de mal necesario para la compañía. Su trabajo se reduce a supervisar que no se contrate a toda la “escoria” de Nueva York: pordioseros, vagos, prostitutas, drogadictos, ladrones, ex-presidarios o gandules de poca monta, etc. Sin embargo, él mismo no puede ser tan duro, pues un sentido piadoso le invade el alma. Termina dándoles algo a todos estos individuos:

“Constantemente me instaban a no ser demasiado indulgente, ni demasiado sentimental, ni demasiado caritativo. “¡Tienes que ser firme! ¡Tienes que ser duro!”, me advertían. “¡A tomar por culo!”, me decía para mis adentros. “Seré generoso, flexible, clemente, tolerante, tierno.” Al principio escuchaba a todos hasta el final; si no podía darles empleo, les daba dinero, y, si no tenía dinero, les daba cigarrillos o les daba ánimos. Pero ¡Les daba algo!” (Trópico de Capricornio).

Caminar entre “Los Trópicos de Henry Miller”, es caminar de la mano de la honestidad, donde el autor no se limita al efectismo del escritor que utiliza una tarjeta de presentación donde se anuncia: Henry Miller “Escritor maldito”; o donde simplemente vayamos a encontrar narraciones de escenas de sexo bizarro, ladillas, mendicidad y exceso de alcohol que encandilan a adolescentes rebeldes; no, en Henry Miller encontramos literatura, es autor y personaje, desprovisto de ego, a ratos patético y odioso, a ratos indefenso, vulnerable. Pero siempre escritor, para mí, como quizá para muchos, su mayor aportación son los pensamientos y observaciones sobre el ser humano que trascienden de toda sociedad (suciedad), a todas horas. Monólogos interiores profundos, inspiradísimos, en los que se plantea el sentido de la vida (si es que lo tiene), de su vida, y que se acumulan edificando casi una filosofía. Una muy personal. La respuesta a la pregunta de si lo recomendaría, diría que ampliamente y comenzaría por “Trópico de Cáncer”. *

__________________

  • Publicado originalmente en el 2015 en el suplemento “Letras” de Cambio de Michoacán…

 

viernes, 25 de diciembre de 2020

D O M I N G O ______ (Tristan Tzara)

 


El viento llora en las chimeneas

con toda la desesperanza de un orfanato

Acércate como un barco al matorral

Prepara las palabras

como las blancas camas de una enfermería.

Porque ahí puedes llorar sin estorbos

y huele a membrillos y abeto.

Cuéntame de países lejanos

De gente curiosa

De la isla de loros

Mi alma esta alegre y atónita

Como un amigo que regresa del hospital.

En tu voz hay mujeres viejas y buenas

Tu brazo pasa por mi pecho como un arroyo

Me gustan los animales domésticos

De la casa de fieras de tu alma.

En el puente un hombre inclinado le silba a el agua sin pensar

En nuestro sitio hace calor y alegría

Como en el aprisco cuando nacen los corderos

Y tu cuento se duerme como un niño arrullando un elefante de lana

En nuestro sitio hay un silencio

Como cuando abrevan los caballos en la fuente.

Pasan en largas filas por la calle las colegialas

Y en cada mirada hay una casa paterna

Con buena comida y hermanas menores

Y con flores que se columpian en las ventanas.

Transita el viento por los corredores cuando anochece

Como una larga serpiente golpeando con la cola las piedras

El lago esta cocido con hilo

Los ahogados salen a la superficie –los patos se están alejando.

En la casa de los vientos, el padre besa a la hija indiferente

La reprende al despedirse

El arroyo se cerró como detrás de una muchacha

Las puertas del monasterio

El gorgoteo de la suicida ha asustado –las ranas han callado un instante.

Voy a encontrarme con un poeta triste y sin talento.

  • (1915)
_____________________
Tristan Tzara, su verdadero nombre era Samuel Rosenstock; y nació en Moinesti, Rumania, un 16 de abril de 1896. Decidió cambiarse el nombre a Tristan (por triste) y Tzara(por patria). Fue el principal impulsor del grupo Dadá, movimiento de vanguardia surgido en Zurich durante la Primera Guerra Mundial, en un bar llamado “Cabaret Berlín” que se proponía expresar su oposición al orden establecido mediante la ruptura con la lógica del lenguaje, en cuanto que elemento sustentador del sistema social.

jueves, 24 de diciembre de 2020

LA POESÍA SALE DE MI BOCA



Para Roberto Bolaño, al que presiento ya como mi Maharischi e iniciador de 1 movimiento cuyo nombre ignoro & en el cual prometo realizarme plenamente



La poesía sale de mi boca,
asoma las narices / el pene
a lo imprevisto /
el estremecimiento
el resplandor /
& la baba también
& los pelos arrancados a este tiempo
a fuerza de jinetearlo
& desatascarle su rodeo /
& la caspa / & la petrificación
de tantas de las yerbas y raíces
de este mundo / que antes de
morderlas nos vemos obligados
a escupir…
La poesía sale de mi boca,
de mis puños, de cada poro
resuelto de mi piel /
de éste mi lugar volátil, aleatorio /
testiculariamente ubicado /
afilando su daga / sus irritaciones
su propensión manifiesta a
estallar / & encender la mecha
en 1 clima refrigerador
donde ni FUS ni FAS
ni mechas ni mechones
ni un solo constipado
que merezca llamarse constipado,
ni 1 solo caso de Fiebre-Fiebre
digno de consignarse en este
mi inmóvil país
La poesía sale de mi boca,
con 1 pelambre & unas antenas
& unos ojos de mosca /
Con los gorjeos de 1 canario
enjaulado / & los bostezos
cacofónicos bostezos del cuidador
del zoológico /
Noche & día / Roja & negra
con los ovarios de 1 muchacha
con la voz ronca de 1 muchacho
con la mirada vacilante
pero rabiosa / hermosamente rabiosa
de 1 niño marica que no
quiere que lo escondan en 1
barril sin fondo
La poesía sale de mi boca
con la limpia negrura de la gasolina
con el brillo elocuente de 1 foco de 500 voltios
con la emoción & el orgullo
de unos bíceps
dueños de su mundo
(& dentro de la relatividad
del maestro Einstein):
Todopoderosos
Con los colores de 1 vestido
hecho con retazos de telas /
con los sonidos confundidos
caóticamente armonizados
de cientos & cientos de cláxons
distintos /
1 día de embotellamiento
en el periférico
Contra vendavales e inundaciones
(& de cierta manera a
favor de ellos)
contra casas de puertas cerradas
contra soles agusanados
contra cirrosis más allá
del hígado /
contra botellas de refresco
conteniendo urea /
contra niños & niñas
castrados / congelados
el día de su nacimiento /
contra las toneladas de
tierra & de basura
que nos caen encima,
cuando lo que 1 quiere
es mostrarse alegre & hermoso
como demostración palpable
de 1 nuevo “renacimiento”
Saltando & corriendo con los
ágiles / poniendo 1 cerillo en
el fundillo de los lerdos /
planeando almuerzos & veladas
con los lúcidos /
poniéndole unas ganas
inmensas a la resolución
de las averías / de Aries a Piscis
de lunes a domingo /
de enero a diciembre
del día 1 al día 31
de tabla apolillada en el piso
a telaraña bailoteando sobre
el techo /
de reventazón en reventazón
de la impresión de 1 cavernícola
al conocer por 1ª vez a 1
mujer desnuda /
al último Ah de un “fulano
cualquiera”, cuando estalle la
3ª Guerra Mundial /
visitando enfermos
saludando sanos
conspirando bajotierra
saboteando sobretierra
deteniéndose / avanzando
apurando su trago
saboreándolo
gargareándolo
masajeándoselo
inyectándoselo
/ rascando, rasguñando
por 1 sol de medianoche
como 2 enamorados excarvándose
como 2 enamorados ensanchando
hasta sus últimas posibilidades
los significantes & el significado
del sistema Braille
como 1 borrachera de
girasoles en círculos / como 1
diadema de dalias la flor
favorita de Judith /
como 1 toque de mariguana
& tocas el Nirvana con las manos
mueves 1 dedo, & te das cuenta
arrancas el pasto & te sonríes /
gusano de maceta / gusano de
tierra roja que no te conocías /
Como 1 psilocibinazo galopante
que hace harina la piedra
de tus 4 paredes /
& te pone en la proa del cometa Kohoutek
& deja tu jarana al descubierto,
toda tu extensión
tu abreviatura,
lista a sacudirse /
a no olvidar la cólera justa
por las cabronadas injustas /
sino a enriquecerla
sino a fortificarle
la mecha al TNT,
sino a explotarle
a revirarle la pupila
Ahora canta el que lloró
hace rato
Grita / Salta / Monta / Eyacula /
el fulano aquel, ya dábanlo
por muerto /
Ahora los cantares duros
las cantatas suaves / las trompetillas
& el regusto de aquel que ha escupido
la tierra & las lagañas
con que habían tapádole los ojos /
La poesía sale de mi boca
a todo tranco de gerundio
a todo flujo de agua potable
a todo virus luminoso
a toda capacidad de contagio
Así va la poesía /
& para ella
no tengo sino alabanzas

domingo, 20 de diciembre de 2020

GONZALO ROJAS

 

GONZALO ROJAS

Recopilación de Marco Antonio Regalado





La loba, Dos poemas con cartas y Dos mariposas con poemas…

Gonzalo Rojas fue un poeta nacido en Lebu, Arauco, Chile en 1917. Estudió Derecho y Literatura en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile. Fue profesor de Estética Literaria y Jefe del Departamento de Castellano en la Universidad de Concepción. Ejerció la docencia en Utah, EE.UU., Alemania y Venezuela.

A partir de 1958, organizó los famosos Congresos de Escritores en Concepción, reuniendo lo más selecto de la literatura latinoamericana. Fue diplomático en China y Cuba, y perteneció al grupo surrealista reunido en torno a la Revista Mandrágora, 1938-1943.

Gonzalo Rojas recibió numerosos premios internacionales, entre los que se cuentan: Premio Sociedad de Escritores de Chile por “Poesía Inédita” 1946, Premio Reina Sofía de poesía de España, Premio Octavio Paz de México y José Hernández de Argentina, además del Premio Nacional de Literatura de Chile en 1992 y del Premio Cervantes de Literatura 2003. Luego de una corta enfermedad, falleció el 25 de abril de 2011.

Aquí les comparto cinco de sus poemas:

~♥~

LA LOBA

Unos meses la sangre se vistió con tu hermosa

figura de muchacha, con tu pelo

torrencial, y el sonido

de tu risa unos meses me hizo llorar las ásperas espinas

de la tristeza. El mundo

se me empezó a morir como un niño en la noche,

y yo mismo era un niño con mis años a cuestas por las calles, un ángel

ciego, terrestre, oscuro,

con mi pecado adentro, con tu belleza cruel, y la justicia

sacándome los ojos por haberte mirado.

 

Y tú volabas libre, con tu peso ligero sobre el mar, oh mi diosa,

segura, perfumada,

porque no eras culpable de haber nacido hermosa, y la alegría

salía por tu boca como vertiente pura

de marfil, y bailabas

con tus pasos felices de loba, y en el vértigo

del día, otra muchacha

que salía de ti, como otra maravilla

de lo maravilloso, me escribía una carta profundamente triste,

porque estábamos lejos, y decías

que me amabas.

 

Pero los meses vuelan como vuelan los días, como vuelan

en un vuelo sin fin las tempestades,

pues nadie sabe nada de nada, y es confuso

todo lo que elegimos hasta que nos quedamos

solos, definitivos, completamente solos.

 

Quédate ahí, muchacha. Párate ahí, en el giro

del baile, como entonces, cuando te vi venir, mi rara estrella.

Quiero seguirte viendo muchos años, venir

impalpable, profunda,

girante, así, perfecta, con tu negro vestido

y tu pañuelo verde, y esa cintura, amor,

y esa cintura.

 

Quédate ahí. Tal vez te conviertas en aire

o en luz, pero te digo que subirás con éste y no con otro:

con éste que ahora te habla de vivir para siempre

tú subirás al sol, tú volverás

con él y no con otro, una tarde de junio,

cada trescientos años, a la orilla del mar,

eterna, eternamente con él y no con otro.

~♥~

CARTA PARA VOLVERNOS A VER

(Escrita en el mar, el 25-X-58, entre las 2 y las 5 de la mañana, a bordo del "Laennec", Navifrance, por la ruta del Atlántico norte. No publicada hasta la fecha).

 

Lo feo fue quererte, mi Fea, conociendo cuánta víbora

era tu sangre, lo monstruoso

fue oler amor debajo de tu olorcillo a hiena, y olvidar

que eras bestia, y no a besos sino a cruel mordedura

te hubiera, en pocos meses, lo vicioso y confuso

descuerado, y te hubiera en la mujer más bella ¡por Safo! convertido.

Porque, vistas las cosas desde el mar, en el frío de la noche oceánica

y encima de este barco de lujo, con mujeres francesas y espumosas,

y mucha danza, y todo, no hay ninguna

cuyo animal, oh Equívoca, tenga más desenfreno en su fulgor

antes de ti, después de ti. No hay ojos verdes

que se parezcan tanto a la ignominia.

Ignominia es tu sangre, Burguesilla: lo turbio que te azota por dentro,

remolino viscoso de miedo y de lujuria, corrupción

de todo lo materno que es la mujer. ¡Acuérdate, Malparida, de aquella pesadilla!

No hay trampa que te valga cuando tiritas y entras al gran baile del muro

donde se te aparecen de golpe los pedazos de la muerte.

No te perdono, entiéndeme, porque no me perdono, porque el mar

-por hermoso que sea- no perdona al cadáver: lo rechaza y lo arroja

como inútil estiércol.

Muerta estás y aun entonces, cuando dormí contigo, dormí con una máquina

de parir muertos. Nadie podrá lavar mi boca sino el áspero océano,

Mujer y No-mujer, de tu beso vicioso.

Lástima de hermosura. Si hoy te falta de madre justo lo que te sobra

de ramera

y de sábana en sábana, desnuda, vas riendo

y sin embargo empiezas a llorar en lo oscuro cuando no te oye nadie,

es posible, es posible que descubras tu estrella por el viejo ejercicio

del amor, es posible que tanta espuma inútil

pierda su liviandad, se integre en la corriente, vuelva al coro del Ritmo.

Tal vez el largo oleaje de esta carta te aburra, todo este aire solemne,

pero el Ritmo ha de ser océano profundo

que al hombre y la mujer amarra y desamarra

nadie sabe por qué y, es curioso, yo mismo

no sé por qué te escribo con esta mano, y toco

tu rara desnudez terrible todavía.

No hablemos ya de mayo ni de junio, ni hablemos

del gran mes, mi Amorosa, que construyó en diamante tu figura

de amada y sobreamada, por encima del cielo, en el volcán

de aquel Chillán de Chile que vivimos los dos, y eternizamos,

silenciosos, seguros de ser uno en el vuelo.

No. Bajemos de ahí, mi Sangrienta, y entremos al agosto mortuorio:

crucemos los horribles pasadizos

de tus vacilaciones, volvamos al teléfono

que aún estará sonando. Volemos en aviones a salvar

los restos de Algo, de Alguien que va a morir, mi Dios, descuartizado.

Digamos bien las cosas. No es justo que metamos a ningún Dios en esto.

Cínicos y quirúrgicos, los dos, los dos mentimos.

Tú, la más Partidaria de la Verdad, negaste la vida hasta sangrar

contra la Especie (¿Es mucho cinco mil cuatrocientas criaturas por hora...?)

Los dos, los dos cortamos las primeras, las finas

raíces sigilosas del que quiso venir

a vemos, y a besamos, y a juntamos en uno.

Miro el abismo al fondo de este espejo quebrado, me adelanto a lo efímero

de tus días rientes y otra vez no eres nada

sino un color difícil de mujer vuelta al polvo

de la vejez. Adiós. Hueca irás. Vivirás

de lo que fuiste un día quemada por el rayo del vidente.

Mortal contradictorio: cierro esta carta aquí,

este jueves atlántico, sin Júpiter ni estrella.

No estás. No estoy. No estamos. Somos, y nada más.

Y océano,

y océano,

y únicamente océano.

~♥~

CARTA DEL SUICIDA

Juro que esta mujer me ha partido los sesos,

Porque ella sale y entra como una bala loca,

y abre mis parietales y nunca cicatriza,

así sople el verano o el invierno,

así viva feliz sentado sobre el triunfo

y el estómago lleno, como un cóndor saciado,

así padezca el látigo del hambre,

así me acueste

o me levante, y me hunda de cabeza en el día

como una piedra bajo la corriente cambiante.

 

Así toque mi citara para engañarme, así

se abra una puerta y entren diez mujeres desnudas,

marcadas sus espaldas con mi letra, y se arrojen

unas sobre otras hasta consumirse.

 

Juro que ella perdura porque ella sale y entra

como una bala loca,

me sigue a donde voy y me sirve de hada.

~♥~

MARIPOSAS PARA JUAN RULFO

Cómo fornicarán felices las mariposas en

el césped oliendo

de aquí para allá a Dios sin

que vaca alguna muja encima de

su transparencia, jugando a jugar

un juego vertiginoso a unos pasos

blancos del cementerio con el mar

del verano zumbando allá abajo ocio y

maravilla.

Rulfo habrá soplado en ellas tanta

locura, Juan Rulfo cuyo Logos

fue el del Principio; les habrá dicho: —Ahora, hijas,

nos vamos de una vez

del páramo.

 

¿Y ellas? Ahora ¿qué harán

ellas sin Juan que cortó tan lejos

más allá de Comala en caballo único tan

invisible? ¿bailarán, seguirán

bailando para él por si vuelve, por

si no ha pasado nada y de repente

estamos todos otra vez?

 

Por mi parte nadie va a llorar, ni

mi cabeza que vuela ni la otra

que no duerme nunca. Se ha ido

y se acabó, nadie

corre peligro así acostado oyendo

los murmullos aleteantes.

—Con tal

de que no sea una nueva noche.

~♥~

REQUIEM DE LA MARIPOSA

Sucio fue el día de la mariposa muerta.

Acerquémonos

a besar la hermosura reventada y sagrada de sus pétalos

que iban volando libres, y esto es decirlo todo, cuando

sopló la Arruga, y nada

sino ese precipicio que de golpe,

y únicamente nada.

 

Guárdela el pavimento salobre si la puede

guardar, entre el aceite y el aullido

de la rueda mortal.

O esto es un juego

que se parece a otro cuando nos echan tierra.

Porque también la Arruga...

 

O no la guarde nadie. O no nos guarde

larva, y salgamos dónde por último del miedo:

a ver qué pasa, hermosa.

Tú que aún duermes ahí

en el lujo de tanta belleza, dinos cómo

o, por lo menos, cuándo.

SI LOS POETAS FUERAN MENOS TONTOS…

  ·          Boris Vian Si los poetas fueran menos tontos Y si fueran menos perezosos Harían a todos felices Para poder dedicarse ...