Recopilación por Marco Antonio Regalado
En la actualidad, Juan Carlos Onetti, es considerado como uno de los
grandes narradores en español, pero también escribió algunos grandes poemas.
Fue descendiente de la pareja compuesta por Honoria Borges y Carlos Onetti,
llegó al mundo el 1 de julio de 1909 en Montevideo.
Dejó su país natal en 1930, ya casado con su prima María Amalia Onetti,
con quien se instaló en Buenos Aires. Años después de haber tenido a su primer
hijo, el matrimonio se rompe y él decide volver a Montevideo. Allí vuelve a
apostar al amor, pero con una particularidad: su nueva compañera (y futura
esposa) es María Julia, la hermana de su ex mujer. Tras esa experiencia, se
uniría en matrimonio en 1945 con Elizabeth María Pekelharing y, con el tiempo,
se enamoraría de Dorothea Muhr.
Sobre su experiencia profesional independientemente de los textos que
publicó se puede mencionar su paso por “Marcha” (semanario donde se
desempeñó como secretario de redacción) y su labor en la agencia de noticias Reuters.
Asimismo, Onetti trabajó en publicaciones como “Ímpetu”, “Vea y Lea”
y “Acción”.
Su obra narrativa: “El pozo”, “La vida breve”, “La
cara de la desgracia”, “Los rostros del amor”, “Tan triste como
ella y otros cuentos”, “Dejemos hablar al viento” y “Cuando
entonces” son algunos de los títulos que forman parte de la producción
literaria de este escritor que, a lo largo de su trayectoria, acumuló
galardones como el Premio Nacional de Literatura de Uruguay, el Premio
Cervantes y el Premio de la Unión Latina de Literatura, entre otros. Cabe
resaltar que Juan Carlos Onetti encontró la muerte en suelo madrileño el 30 de
mayo de 1994.
Hablaba antes de que Onetti es un gran narrador, alguien que influenció
al boom latinoamericano, y narradores que vendrían después, su narrativa está
llena de momentos poéticos, desde El pozo; pero también escribió poesía
o textos poéticos, los tres poemas que comparto son muy buenos, el mejor para
mí; La balada del ausente. Entre las curiosidades agrupadas en el
volumen "Miradas sobre Onetti", (compilado por el periodista
Omar Prego y editado por el sello Alfaguara en Uruguay, en 1995), llama la
atención este poema (La balada del ausente), rara avis de la obra de Onetti, en
el que no es difícil detectar la influencia del tango. Al parecer, Onetti sólo
escribió tres poemas durante toda su vida, aunque hay quien opina que sus
verdaderos poemas son, en realidad, sus novelas.
Aquí los tres poemas:
Q U E R I D A L I T
T Y
Desde hace meses
con inusitada
frecuencia
no me deja el
cartero cartas tuyas.
Será amnesia del
hombre
o tal vez las apile
en un rincón limpio
de su cuarto de
soltero
solterón
y algún día me las
traiga
cinta rosa
todas juntas
como un banquete
para el olvidado
hambriento
que puede
imaginarse
desde ahora
una clara catarata
de ternuras y
recuerdos.
Y EL PAN NUESTRO
Sólo conozco de ti
la sonrisa gioconda
con labios
separados
el misterio
mi terca obsesión
de desvelarlo
y avanzar porfiado
y sorprendido
tanteando tu pasado
Sólo conozco
la dulce leche de
tus dientes
la leche plácida y
burlona
que me separa
y para siempre
del paraíso imaginado
del imposible
mañana
de paz y dicha
silenciosa
de abrigo y pan
compartido
de algún objeto
cotidiano
que yo pudiera
llamar
nuestro
BALADA DEL AUSENTE
Entonces no me des
un motivo por favor
No le des
conciencia a la nostalgia,
La desesperación y
el juego.
Pensarte y no verte
Sufrir en ti y no
alzar mi grito
Rumiar a solas,
gracias a ti, por mi culpa,
En lo único que
puede ser
Enteramente pensado
Llamar sin voz
porque Dios dispuso
Que si Él tiene
compromisos
Si Dios mismo le
impide contestar
Con dos dedos el
saludo
Cotidiano,
nocturno, inevitable
Es necesario
aceptar la soledad,
Confortarse
hermanado
Con el olor a
perro, en esos días húmedos del sur,
En cualquier
regreso
En cualquier hora
cambiable del crepúsculo
Tu silencio
Y el paso
indiferente de Dios que no ve ni saluda
Que no responde al
sombrero enlutado
Golpeando las
rodillas
Que teme a Dios y
se preocupa
Por lo que opine,
condene, rezongue, imponga.
No me des
conciencia, grito, necesidad ni orden.
Estoy desnudo y
lejos, lo que me dejaron
Giro hacia el mundo
y su secreto de musgo,
Hacia la claridad
dolorosa del mundo,
Desnudo, sólo,
desarmado
bamboleo mi cuerpo
enmagrecido
Tropiezo y avanzo
Me acerco tal vez a
una frontera
A un odio inútil, a
su creciente miseria
Y tampoco es
consuelo
Esa dulce ilusión
de paz y de combate
Porque la lejanía
No es ya, se
disuelve en la espera
Graciosa,
incomprensible, de ayudarme
A vivir y esperar.
Ningún otro país y
para siempre.
Mi pie izquierdo en
la barra de bronce
Fundido con ella.
El mozo que
comprende, ayuda a esperar, cree lo que ignora.
Se aceptan todas
las apuestas:
Eternidad,
infierno, aventura, estupidez
Pero soy mayor
Ya ni siquiera
creo,
En romper espejos
En la noche
Y lamerme la sangre
de los dedos
Como si la hubiera
traído desde allí
Como si la salobre
mentira se espesara
Como si la sangre,
pequeño dolor filoso,
Me aproximara a lo
que resta vivo, blando y ágil.
Muerto por la
distancia y el tiempo
Y yo la, lo pierdo,
doy mi vida,
A cambio de vejeces
y ambiciones ajenas
Cada día más
antiguas, suciamente deseosas y extrañas.
Volver y no lo
haré, dejar y no puedo.
Apoyar el zapato en
el barrote de bronce
Y esperar sin prisa
su vejez, su ajenidad, su diminuto no ser.
La paz y después,
dichosamente, en seguida, nada.
Ahí estaré. El
tiempo no tocará mi pelo, no inventará arrugas,
no me inflará las
mejillas
Ahí estaré
esperando una cita imposible, un encuentro que no se cumplirá.
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Foto: Las gafas de Onetti

