martes, 28 de abril de 2020

ROBERTO BOLAÑO Cuatro poemas de “Los perros románticos”






Roberto Bolaño (1953-2003), nacido en Chile, narrador y poeta, se ha impuesto como uno de los es­critores latinoamericanos imprescindibles de nues­tro tiempo. En Anagrama se han publicado sus libros de cuentos: Llamadas telefónicas, Putas asesinas y El gaucho insufrible, y las novelas: La pista de hielo, Estrella distante, Amuleto, Una novelita lumpen, Monsieur Pain, Nocturno de Chile, Amberes y Los de­tectives salvajes (Premio Herralde de Novela y Premio Rómulo Gallegos): «La gran novela mexicana de su generación, expresión del de­sarraigo literario visceral de los latino­ameri­ca­nos» (J. A. Masoliver Ródenas, La Vanguardia); «Un carpetazo histórico y genial a Rayuela de Cor­tá­zar. Una grieta que abre brechas por las que habrán de circular nuevas corrientes literarias del próximo mi­lenio» (Enrique Vila-Matas); «Una especie de ebrie­dad narrativa que nos deja abrumados, sonriendo de obnubilación o de admiración» (Fabri­­ce Gabriel, Les Inrockuptibles). Su novela póstuma, 2666, está considerada unánimemente su obra mayor: «Una gran novela de novelas, sin duda la mejor de su produc­ción» (Ana María Moix, El País); «Una novela abier­ta como Los detectives salvajes, inacabable, más que inacabable… Magistral» (Ignacio Echevarría); «El resultado es magnífico. Lo que aquí se persigue y se alcanza es la novela total, que ubica al autor de 2666 en el mismo equipo de Cervantes, Sterne, Melville, Proust, Musil y Pynchon» (Rodrigo Fresán, Qué Leer). También póstumamente se han publicado Entre paréntesis, El secreto del mal, La Universidad Des­conocida y El Tercer Reich.

Recopilación de Marco Antonio Regalado


Aquí los cuatro poemas:

TU LEJANO CORAZÓN
No me siento seguro
en ninguna parte
La aventura no termina
Tus ojos brillan en todos los rincones
No me siento seguro
en las palabras
ni en el dinero
ni en los espejos
La aventura no termina jamás
y tus ojos me buscan
***

GODZILLA EN MÉXICO
Atiende esto, hijo mío: las bombas caían
sobre la ciudad de México
pero nadie se daba cuenta.
El aire llevó el veneno a través
de las calles y las ventanas abiertas.
Tú acababas de comer y veías en la tele
los dibujos animados.
Yo leía en la habitación de al lado
cuando supe que íbamos a morir.
Pese al mareo y las náuseas me arrastré
hasta el comedor y te encontré en el suelo.
Nos abrazamos. Me preguntaste qué pasaba
y yo no dije que estábamos en el programa de la muerte
sino que íbamos a iniciar un viaje,
uno más, juntos, y que no tuvieras miedo.
Al marcharse, la muerte ni siquiera
nos cerró los ojos.
¿Qué somos?, me preguntaste una semana o un año después,
¿hormigas, abejas, cifras equivocadas
en la gran sopa podrida del azar?
Somos seres humanos, hijo mío, casi pájaros,
héroes públicos y secretos.
***

EL ÚLTIMO CANTO DE AMOR
DE PEDRO J. LASTARRIA, ALIAS «EL CHORITO»
Sudamericano en tierra de godos,
este es mi canto de despedida
ahora que los hospitales sobrevuelan
los desayunos y las horas del té
con una insistencia que no puedo
sino remitir a la muerte.
Se acabaron los crepúsculos
largamente estudiados, se acabaron
los juegos graciosos que no conducen
a ninguna parte. Sudamericano
en tierra más hostil
que hospitalaria, me preparo
para entrar en el largo
pasillo incógnito
donde dicen que florecen
las oportunidades perdidas.
Mi vida fue una sucesión
de oportunidades perdidas,
lector de Catulo en latín
apenas tuve valor para pronunciar
Sine qua non o Ad hoc
en la hora más amarga
de mi vida. Sudamericano
en hospitales de godos, ¿qué hacer
sino recordar las cosas amables
que una vez me acaecieron?
viajes infantiles, la elegancia
de padres y abuelos, la generosidad
de mi juventud perdida y con ella
la juventud perdida de tantos
compatriotas
son ahora el bálsamo de mi dolor
son ahora el chiste incruento
desencadenado en estas soledades
que los godos no entienden
o que entienden de otra manera.
También yo fui elegante y generoso:
Supe apreciar las tempestades,
los gemidos del amor en las barracas
y el llanto de las viudas,
pero la experiencia es una estafa.
En el hospital sólo me acompañan
mi inmadurez premeditada
y los resplandores vistos en otro planeta
o en otra vida.
La cabalgata de los monstruos
en donde «El Chorito»
tiene un papel destacado.
Sudamericano en tierra de
nadie, me preparo
para entrar en el lago
inmóvil, como mi ojo,
donde se refractan las aventuras
de Pedro Javier Lastarria
desde el rayo incidente
hasta el ángulo de incidencia,
desde el seno del ángulo
de refracción
hasta la constante llamada
índice de refracción.
En plata: las malas cosas
convertidas en buenas,
en apariciones gloriosas
las metidas de pata,
la memoria del fracaso
convertida en la memoria
del valor. Un sueño,
tal vez, pero
un sueño que he ganado
a pulso.
Que nadie siga mi ejemplo
pero que sepan
que son los músculos de Lastarria
los que abren este camino.
Es el córtex de Lastarria,
el entrechocar de dientes
de Lastarria, el que ilumina
esta noche negra del alma,
reducida, para mi disfrute
y reflexión, a este rincón
de habitación en sombras,
como piedra afiebrada,
como desierto detenido
en mi palabra.
Sudamericano en tierra
de sombras,
yo que siempre fui
un caballero,
me preparo para asistir
a mi propio vuelo de despedida.
*

EL SEÑOR WILTSHIRE
Todo ha terminado, dice la voz del sueño, y ahora eres el reflejo
de aquel señor Wiltshire, comerciante de copra en los mares del sur,
el blanco que desposó a Urna, que tuvo muchos hijos,
el que mató a Case y el que jamás volvió a Inglaterra,
eres como el cojo a quien el amor convirtió en héroe:
nunca regresarás a tu tierra (¿pero cuál es tu tierra?),
nunca serás un hombre sabio, vaya, ni siquiera un hombre
razonablemente inteligente, pero el amor y tu sangre
te hicieron dar un paso, incierto pero necesario, en medio
de la noche, y el amor que guió ese paso te salva.
______________
·         Fuentes:
·         Oriette D'Angelo Publicado: digopalabra txt para mentes pixeladas, publicado el 15 julio, 2016.
·         Los poemas aquí publicados pertenecen al libro «Los perros románticos» (Acantilado, 2016)

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

SI LOS POETAS FUERAN MENOS TONTOS…

  ·          Boris Vian Si los poetas fueran menos tontos Y si fueran menos perezosos Harían a todos felices Para poder dedicarse ...